Honduras: el horror contado por los sobrevivientes de la cárcel

AP

Dolor, desesperación y cuerpos fundidos por el intenso calor, son algunos de los detalles brindados por los sobrevivientes del incendio de la prisión de Comayagua. Varios presos que escaparon de las llamas aseguraron que la demora en abrir las puertas se debió al temor de que se produjera una fuga masiva.

El hombre de piel curtida tiene el rostro descompuesto y una mirada que refleja miedo. No es para menos: estuvo a punto de morir calcinado o asfixiado como muchos de sus compañeros en la granja penal de Comayagua, donde hasta el miércoles se habían contabilizado 356 cadáveres de presos.

Dos cadáveres aparecieron frente a frente en un lavatorio, los restos totalmente ennegrecidos. Otros habían buscado refugio en un baño, y sus cuerpos estaban fundidos en una sola masa informe.

Con el olor a muerte rondando la prisión, Eladio Chicas cambió su semblante y comenzó a relatar todo el terror que vivió al ver que sus compañeros morían.

“Y no pude hacer nada, nada, porque todos luchamos por salvarnos”, afirmó.

Chicas, de 40 años, cumple una condena de 39 años, de los cuales ya purgó 15, “por asesinato”, afirmó entre dientes y en voz baja.

Con una mascarilla que le cubría parte del rostro, esposado de sus manos y con un policía que lo sujetaba de la camisa, aseguró, “afortunadamente estaba en el módulo 4, donde dormían 43 reos, pero aquí nadie murió, nos salvamos como pudimos”.

La cárcel tiene 12 módulos o dormitorios; seis se quemaron.

CRÓNICA DEL ESCAPE

“No sé cuánto tiempo pasó, nosotros rompimos el techo y salimos pero vimos cómo morían en el módulo de enfrente. Los presos querían salir, pero estaba cerrado el portón. Todos murieron, esto fue algo horrible, es una pesadilla”, éxpresó.

Héctor Daniel Martínez pudo haber sufrido una muerte horrenda. Cuando estallaron las llamas, estaba durmiendo en una cama metálica, una entre las decenas de camas apiladas casi hasta el techo.

Vio las llamas sobre su cabeza y escuchó los alaridos de los presos. Entonces corrió hasta la única puerta de la barraca. Estaba cerrada con candado. La mayoría de los 135 presos en la barraca corrieron hacia el otro extremo, donde había un baño con agua corriente.

La mayoría tomó una decisión fatal. Martínez fue uno de los 28 que permanecieron cerca de la puerta hasta que llegó un enfermero con la llave.

HACINAMIENTO

Esta granja penal fue diseñada para albergar a unos 250 reos que se dedican a trabajos agrícolas y a la crianza de cerdos, pero poco a poco se fue saturando y en momento hubo hasta 956 presos.

Ahora 358 están muertos, según Ricardo Ordóñez, juez ejecutor nombrado por la Corte Suprema de Justicia para investigar el incendio en la cárcel.

Muchos reos murieron sin haber sido juzgados.

“Dormíamos casi uno sobre otro”, afirmó José Ramírez Rivas, quien resultó con quemaduras leves y heridas en su brazo derecho.

“Nos cubrimos como pudimos, yo mojé una toalla y me la tiré encima del cuerpo, me ayudó pero el fuego me alcanzó un poco al salir y tengo también algunas heridas”, señaló el hombre mientras mostraba su brazo cubierto con vendajes.

“No sé cuántos murieron, pero los vi pegados a las rejas tratando de salir, pero no pudieron romperlas. Allí quedaron pegados y quemados”, agregó.

Muchos piensan que esta tragedia pudo evitarse, pero los bomberos no entraron pese a que aseguran haber respondido de inmediato al llamado de auxilio.

Factorinternacional/Observadorglobal.com

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