Platón, ésta es tu Grecia.

GIULIANA IPPOLITI.- Querido Platón (Espero no esté haciendo mal al llamarle “querido” sin apenas conocerle, pero si es así, le ruego disculpe mi imprudencia),

Le escribo hoy desde mi pueblo natal ubicado en Venezuela (Aunque sé que es vasta la referencia, puesto que son muchos los cambios territoriales a los que han obligado a la tierra), porque hay algo que me preocupa. Pensará usted que no es mi problema lo que sucede en la Grecia suya, pero señor Platón, créame, esto es algo que le interesa.

Quizá no han sido muchos los osados que se han atrevido a escribirle, tal vez desconozca los vaivenes que han movido la historia del mundo desde el momento mismo en el que usted partió al lugar desde donde hoy lee estas líneas. Permítame entonces adelantarle que en sí, los hombres (ahora hombres y mujeres también) seguimos dirigiendo nuestra historia a través de las guerras, y en esencia, no hemos cambiado demasiado, digo, seguimos cometiendo los mismos errores del pasado.

Su Grecia últimamente ha estado muy vulnerable, pero no se alarme, no se trata de los troyanos, Aquiles o los romanos. Es menos que eso, pero a la vez, es más. A ver, cómo le digo que la imperfección de los entes que debían gobernar eficientemente a su Patria la llevaron al borde de un abismo tenebroso, que el dinero se esfuma como por arte de magia de las manos de los ciudadanos, que se mira con recelo al prójimo distinto, y que difícilmente se ha logrado establecer un nuevo gobierno parlamentario, ¿Lo recuerda? ¿Recuerda cuando hablaba usted del Estado Ideal? No señor Platón, yo no intento decirle que su legado ha sido olvidado.

Hace poco, la democracia complicó el panorama, pero por favor no me mal interprete, no estoy diciéndole que la pluralidad es el problema, al contrario, solo le cuento que el voto fue tan disperso como las gotas de lluvia que rompen el mar azul infinito del Mediterráneo. Lo que bien es cierto es que la gente se cansó, así como se han cansado tantos en tantas y tantas partes de este mundo del que usted ya se ha marchado. Solían gobernar los mismos de siempre, los mismos sí, los de siempre no, solo que la memoria colectiva es un poco difusa y olvidadiza. Hacían 37 años debatiéndose el poder la Nueva Democracia (ND) y el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), que gobernaron a su Grecia de manera alterna tras la dictadura militar conocida como la de “los coroneles”. Sin embargo, este año cuando los ciudadanos tuvieron nuevamente la potestad de ejercer su derecho al voto (El mundo actual está colmado de “Derechos”), decidieron transformar la unanimidad en decenas de partículas. Ahora, Izquierda, derecha, centro y los extremos que acogen a algunos comunistas y a otros nacionalistas con ideologías muy apegadas a las de Adolfo Hitler. ( ¿Qué Quién es el fulano de tal?)

Adolfo Hitler promovió en la Alemania de los años treinta (1930, D.C) una política nacionalista que conquistó los corazones de muchos ciudadanos que se sentían olvidados. Esta política terminó en Guerra Mundial y con la persecución y posterior asesinato de millones de Judíos, emigrantes, gitanos, homosexuales y todos aquellos que se opusieran a tales infortunios. Fue, señor Platón, una persecución abierta y demagoga contra todo aquél que fuera distinto, contra todo aquél que pensara distinto; fue una vil estrategia de guerra que tenía un fin terrorífico, menos territorial, más humano.

Hace poco leí un testimonio ocurrido en esa Grecia del siglo XXI que hoy le presento, unos ciudadanos asiáticos (digamos diferentes a los griegos) fueron amedrentados en un bus público (que usan para ir de un lugar a otro) por miembros del “Amanecer Dorado (partido nacionalista) que, tras superar el millón de votos en los comicios parlamentarios, han intensificado su accionar. Sucedió también que el mundo presenció (El mundo ahora puede presenciar todo lo que sucede sin importar dónde ni cuándo) a un calvo algo pálido obligar a los miembros de la prensa mundial (Un montón de gente que cumple con decir lo que sucede en tiempo record) a recibir de pie al líder de su partido (Nikos Mijaloliakos), un hombre que deben ellos creer, está bendecido por la “aria” beldad del universo y sus constelaciones.

(EFE)

Yo quisiera preguntarle a usted señor Platón, ¿Qué significa amar a Grecia?

Pareciera que algunos grupos promotores de la independencia racial traducen este amor en intolerancia, persecución, amedrentamiento e intimidación al humano diferente, es como si se tratara de querer echarles a todos desde el Monte Taigeto y no volverles a ver nunca más. Es como si agredir al extranjero significara el fin de los problemas, la felicidad eterna.

Los acusan de aumentar los índices delictivos y disminuir las oportunidades de trabajo, los acusan de quitarles a los griegos los que les pertenece, de querer vivir el bienestar que otros han creado, de estar sin ser bienvenidos. Usted bien conoce lo que significa ser juzgado por ser diferente, su maestro fue condenado por causas similares, y ojo, nuevamente le ruego no malinterprete lo que digo, sepa que es difícil expresarme. Usted que tantas veces habló de la razón y el entendimiento, bien debe saber a qué me refiero.

Así que Platón, ésta es tu Grecia. Un lugar donde busca perseguirse a las personas en beneficio de una causa injusta, donde al parlamento han ido los que saludan con el brazo en alto y aman una bandera con un símbolo muy parecido a la esvástica Nazi (¿Recuerdas? la de la Segunda Guerra), una tierra que según mi parecer, está perdida en un callejón sin salida.

Yo no sé usted, pero siento que el verdadero problema se ha tergiversado, ya nadie habla del fracaso económico, del país quebrado ni de la crisis política, son ya varios y variados los días en los que se intenta hacer creer que el problema es la gente, y eso Platón, eso es peligroso.

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SOBRE EL AUTOR:

Giuliana Ippoliti. Era apenas una niña cuando supe que quería escribir para siempre (cuando uno es niño todo es para siempre). Venezolana con ascendencia italiana, crítica pero poco elocuente. Creo en las oportunidades, en las sonrisas de infantes y en los secretos que dejan de esconder las nubes. Internacionalista, escritora independiente, y amante empedernida del África pura.

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Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

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