Estimado Dr. Kevorkian

OPINIÓN.-

LOLY GARCÍA. Estimado Dr. Kevorkian,

 La primera vez que escuché su nombre y su historia, confieso, quedé atrapada en ese laberinto acuoso entre la moral y la  ética, ese delgado hilo sobre el cual tantos opinan, y que tantos “eruditos” confunden. Confieso también, que jamás en mi vida había escuchado hablar del término “muerte asistida”, frase extraña considerando que en Caracas contamos con cientos de voluntarios para asistirnos en eso de mal morir, sobre todo cuando uno menos se lo espera, pero ese sería otro tema: morir “asistido” a manos de la delincuencia.

La primera vez que escuché su nombre me pareció sensata su labor. No lo envidio, sin embargo puedo entender su inquietud como médico ante el dolor y la desesperanza. Todo un aparataje elaborado para dejar debida constancia por parte del moribundo de que así…en esas condiciones de padecimiento, no se puede seguir viviendo con dignidad. Y es que la palabra dignidad la debe asumir -en principio- cada quién para su propia vida, y hablo de la vida y de la muerte, dos caras que se miran permanentemente. Cada quién debería decidir si ser médico o ingeniero, osado o cobarde, vivir feliz o deprimido, ser  de izquierda o  de derecha, ser  heterosexual  o de cualquier otra orientación, sentirse realizada como madre o tomar la opción de ser feliz igual sin procrear,   creer en éste o en aquél Dios o no, y, por supuesto…decidir si es vida vivir muriendo a cada instante. De lo único que estoy segura, sea cual sea la decisión, es que no se puede vivir por encima del prójimo.

Le cuento Dr. Kevorkian, que ahora en mi país, (vivo en Venezuela, un país muy complejo ahogado en un vaso de agua. Tal vez nos conozca ahora que tantos colegas suyos pero de nacionalidad venezolana han migrado a los Estados Unidos, en otra carta le explicaré por qué se fueron) pronto  saldrá una ley sobre donación de órganos y ya no será igual que antes, que nos íbamos a la tumba o lo que es peor, al crematorio, con todo puesto. No solo nos llevábamos el mejor vestido, que a la postre la humedad y el tiempo convertirá en jirones y harapos, sino con todos nuestros órganos completos. Es decir, con todo lo que no nos hará falta pero que tal vez a otro ser humano  le permitiría seguir  sonriendo. Ahora no será igual, seremos –según esta nueva ley- donantes en automático, a menos que manifestemos lo contrario en vida. Supongo que eso traerá muchas meditaciones de ahora en adelante, hasta que nos acostumbremos a no ser egoístas. ¿Se imagina? ahora el corazón de un hombre negro podrá palpitar en el pecho de un hombre blanco racista (aquí en mi país no tenemos dramas por ese motivo), el hígado de una mujer honrada podrá ejercer la alquimia en el cuerpo de alguien deshonrado, las corneas de un hombre sabio podrán ayudar a los escépticos a ver mejor, y así… los órganos de muchas personas buenas, quién sabe,  le cambien la vida a unos cuantos desesperanzados y todo comience a cambiar. No crea, también podría ocurrir lo contrario, y ahí sí,  veremos si efectivamente,  los órganos también se llevan las cualidades de su donante consigo. Esto también es harina de otro costal.

He visto mucho sufrimiento Dr. Kevorkian, tal vez no más que usted, pero lo he visto muy de cerca, sobre todo el tormento de un  tío a quién vi sufrir, y sufrir sin límites, y, junto a él, a su esposa y a sus hijos. Esos días en los que mi tío nos miraba con la ternura de quién se despide poco a poco  y a la vez, con el más espantoso dolor en su mirada, jamás  olvidaré aquellos días. Créame, en esos días hasta se me olvidó cómo orar a Dios…y mucho menos creer en  la Galla Ciencia”  que ni pasaba ya cerca de su cama. No había brebaje para aliviarlo, ni consuelo y allí, al pie de esa cama, junto a las lágrimas de mi tía, volví a recordarlo estimado Dr. Kevorkian, en esos días nos hizo mucha falta alguien como usted.

Pero entonces vinieron los remordimientos con eso de ser religiosos y pensar en qué diría Juan Pablo (estaba vivo para aquel entonces), también me imaginé a mi misma presa en la cárcel de mujeres en Los Teques (que puede ser peor que morir asistida) o huyendo de la justicia buscando asilo político en la embajada  holandesa. Ya sabe usted que Holanda es un país de contrastes: se puede fumar marihuana, el distrito rojo no asusta a nadie y resolvieron sentir piedad por los enfermos terminales.  Lo recordé una y mil veces Dr. Kevorkian, ayudando a mi tío a bien morir sin sufrir. Sobre todo pensé en los moribundos ateos, que no le adeudan a ningún Dios ni le temen a ninguna cárcel. En fin, que mirando todo aquello y recordando un período de mi vida en el que la salud no me acompañó precisamente, medité sobre mi derecho a no estar presente en esta vida si con ello ato a mi cama a mi familia,  un sufrimiento eterno o al menos largo y doloroso para todos…no es vida.

Fíjese Dr., no sé si a su celda  llegan los periódicos,  tal vez no se ha enterado que ya en Holanda y en Argentina se habla amplia y legalmente sobre el tema. Pareciera que en Argentina dan 100 pasos hacia atrás en muchos otros temas, pero avanzan a 1.000 por hora en otros que ayudan a vivir humanamente. Ahora los argentinos podrán decidir ante un “escribano”  (notario) su decisión de morir dignamente si algo como esto llegara a pasarle. No sé, tal vez he visto muchas películas, como Mar Adentro con Javier Bardem (a lo mejor a usted no le dejaron verla para evitar darle la razón), a veces  pienso en Ceratti y su mamá, sumergido en ese sueño del que no despierta y nosotros sin saber si así, dormido, sigue componiendo música pero esta vez para ángeles.

Pienso en Karen Ann Quinlan y el drama que vivieron sus padres,  le juro que a mí la bioética para estos casos… me tiene sin cuidado. Por eso, escribo públicamente que soy donante de órganos con o sin ley (no fumo, ni bebo, ni me trasnocho, espero que mis órganos le sirvan a alguien y  solo pido que -en mi nombre- ¡viva con alegría!). Tampoco quiero vegetar atada a un respirador sabiendo que mi familia vive atada a mi cama. Tomar decisiones dolorosas también es un acto de amor porque, a mi entender, es espinoso definir cuándo un acto es justo o no; debatir sobre una realidad tan compleja y llena de paradigmas y folklor regional no se puede dejar al garete, ni en manos ajenas. Ojalá algún día en Venezuela copiemos esta Ley Argentina, eso sí, también espero que mis  médicos estén 100% seguros de que no volveré a despertar y para eso…espero contar con buenos médicos. Ojalá que quienes migraron…regresen. Me disculpo si revolví unos temas con otros pero la vida es así, todo está atado, lo que los budistas dirían “Hen To Pan”.

Nota bene: Creo que el Dr. Kevorkian no podrá leer esta carta, sin embargo igual se la dedico. El fin era válido, sus  medios quedaron en entredichos.

 Enlaces de Interés: http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2012/05/14/nota300394.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Karen_Ann_Quinlan

http://es.wikipedia.org/wiki/Jack_Kevorkian

http://www.eldial.com/nuevo/

Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: