Dorángel Vargas, el primer asesino en serie de la historia de Venezuela

HISTORIA.

En la década del 90, Venezuela se estremeció ante la presencia de un demente que se comía a sus víctimas. Rápidamente popularizado por la prensa, ya que era el primer asesino serial de la nación, Dorancel Vargas Gómez, que pasó de un simple vagabundo a convertirse en un monstruo, es conocido hasta el día de hoy como “el comegente” o “el Hannibal Lecter de los Andes”. Cabe resaltar que debido a un error tipográfico de la prensa su nombre fue cambiado a Dorángel.

Dorángel Vargas Gómez, también llamado el Comegente nació en 1957 en el seno de una familia de escasos recursos que se dedicaba a la agricultura, por lo que llegó solo hasta tercer grado de primaria. Entre sus antecedentes figuran tres arrestos, antes del último, dos de ellos por delitos menores (robo de gallinas y de ganado) y el tercero, en 1995.

Ese año fue arrestado gracias a la denuncia de Antonio López Guerrero, un amigo de Cruz Baltazar Moreno, quien sirvió de almuerzo a Vargas, y de quien solo sobraron sus pies y manos. Tras ser detenido, Vargas fue internado en el Instituto de Rehabilitación Psiquiátrica de Peribeca. Después de 2 años de tratamiento fue liberado una vez que la evaluación psicológica confirmó que no era una amenaza. No obstante Dorancel no recibió ningún tratamiento para su enfermedad mental, y su familia no pudo prestarle el apoyo necesario. Así el comegente huyó de su casa para visitar a la persona que lo denunció, Antonio López, después de comérselo se trasladó a la ciudad de San Cristóbal en el estado de Táchira, donde aparentemente llevó una vida normal como vagabundo.

Se cree que cometió los crímenes entre noviembre de 1998 y enero de 1999, momento en el que las familias notificaron a la policía la desaparición de los fallecidos. Dorángel cazaba a sus víctimas con un tubo en forma de lanza, los descuartizaba, guardaba las partes que se comía para cocinarlas y enterraba los pies, las manos y las cabezas. Sus objetivos primordiales eran desprevenidos deportistas y obreros que trabajaban en la orilla del río, sin embargo no comia mujeres ni niños. Como no tenía nevera para guardar la carne, mataba una media de dos personas por semana.

El 12 de febrero de 1999 u

nos miembros de Defensa Civil encontraron los restos de dos jóvenes y alertaron a las fuerzas de seguridad sobre su hallazgo. Ahondando sobre la zona, encontraron los restos de seis cuerpos más. Una vez descartada la

hipótesis de que pudiera tratarse de un área de liberación de cadáveres de alguna banda de narcotraficantes o de alguna secta satánica, se recurrió a las denuncias de personas desaparecidas. Se sospechó en seguida de Vargas, que vivía en la zona próxima en una especie de rancho y que, en inspecciones de la policía, se halló en su casa varios recipientes que contenían carne humana y vísceras preparadas para el consumo, además de tres cabezas humanas y varios pies y manos.

Una vez capturado, confesó haber matado y comido al menos a 10 varones en un periodo de dos años desde su arresto en 1999. En los atestados policiales, Vargas confesó que los varones delgados sabían mejor que las mujeres, que ellas sabían demasiado dulce, y que los sabores más agradables se conseguían en la zona del vientre.

“No me arrepiento de lo que he hecho, porque me gusta la carne y no soy el único, en diciembre compartí al vecino Manuel “pana” que era muy buena persona, y yo me dije, si es tán buen vecino tiene que estar bien sabroso. Total que hice unas empanadillas con él y las compartí con los conocidos que en todo momento alabaron la sabrosura del relleno. Quizá ahora piensen mal de mi, pero yo lo hice con la mejor buena voluntad del mundo, como recomienda

Hoy en día Dorancel Vargas Gómez permanece encerrado en una celda de la Dirección de Seguridad y Orden Público del Estado de Táchira, donde pasa los días fumando e imaginándose suculentas recetas. la iglesia yo compartí mi pan, bueno en este caso al bueno de Manuel, pero al caso le hace lo mismo con otros tan necesitados como yo y ahora me veo prisionero. Yo por necesidad me veo metido en esta vaina, por todo cuanto robaron en esta nación que nos han llevado al hambre a miles de venezolanos, pero no me arrepiento, por que a pesar de todo, lo único que no me daba apetito eran las cabezas. Con las manos y los pies cuando más me apuraba el hambre yo me hacia una sopita con ellas y no desaprovechaba nada”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: