El Asesino tiene Nombre y Apellido

OPINIÓN.

(AP)

GIULIANA IPPOLITI. Su nombre es Bashar y es el principal responsable de la muerte de unas 14.000 personas en el país que hereditariamente, le tocó dirigir.

El conflicto en Siria es, desde hace mucho, una guerra civil. La Organización de Naciones Unidas, como siempre, ha llegado tarde a la guerra, el Derecho Internacional Humanitario, como siempre, ha llegado tarde a la guerra, y la justicia, no, la justicia no ha llegado tarde a la guerra, la justicia es utopía.

El liderazgo de Bashar ha propiciado el continuo asesinato de civiles dentro de su territorio. Innumerables son las veces que la opinión pública internacional ha sido testigo de atroces matanzas perpetradas contra civiles inocentes y ajenos al conflicto. Miles son las madres que han perecido intentando salvar la vida de sus hijos, cientos son los niños que han caído debido a un conflicto del que estoy segura, nada deben entender.

Según la legislación internacional, necesariamente debe ser otorgado el estatuto de beligerante a los grupos rebeldes para que así, finalmente comience el conflicto civil a ser objeto de derecho. Existe también la posibilidad de que los disidentes declaren que sus motivos son de entero interés nacional, para entonces comenzar a llamar guerra a la guerra y pretender juzgar de asesino al asesino. Lo que sí es preocupante, es que a estas alturas del siglo globalizado, las normas que rigen los conflictos armados internos estén tan vagamente desarrolladas.

Algunos consideran que de desarrollarse plenamente estas leyes, el intervencionismo colmará el tope de la idiosincrasia de las grandes potencias, provocando así el auténtico fin de la soberanía Estatal. Le consideran, una excusa para colonizar naciones ricas en minerales que pudieran con el tiempo convertirse en una sólida fuente de ingresos para sus Estados. Así pues, nunca faltará quien alce la voz para culpar a los poderosos de la masacre, a los que reparten armas a los rebeldes, a los que tienen intereses encontrados, a los que…, a los que…, a los que pudieran tener un sinfín de motivos para que el líder abandone el poder. Para mí, es un poco diferente. Creo que la soberanía reside en el pueblo y que, al morir indiscriminadamente el pueblo que no puede ser ya diferenciado entre “blancos” y negros”, “buenos” y “malos”, “con Bashar” o “contra Bashar”, el líder debe aceptar que es momento de retirarse.

Ningún pueblo merece morir en nombre de un hombre, ninguna soberanía tiene el derecho de objetar el dolor y el sufrimiento humano en nombre de un hombre, ninguna legislación puede defender lo indefendible.

La verdad es que la gente en Siria está muriendo. La verdad es que Bashar lo sabe. La verdad es que la Comunidad Internacional está presenciando una masacre desde la comodidad de una silla de cuero. La verdad es que pareciera que una ideología puede más que una vida. La verdad es que no hay justicia capaz de juzgar a Bashar. La verdad es que no hacemos más que guardar silencio.

El asesino tiene nombre y apellido.

Al Assad es su apellido, y en este preciso instante, ha dado otra orden para matar. 

Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

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  1. […] Publicado por FACTOR INTERNACIONAL el 13 de junio de 2012 (AP) GIULIANA IPPOLITI. Su nombre es Bashar y es el principal responsable de la muerte de unas 14.000 personas en el país que hereditariamente, le tocó dirigir. El conflicto en Siria es, desde hace mucho, una guerra civil. La Organización de Naciones Unidas, como siempre, ha llegado tarde a la guerra, el Derecho Internacional Humanitario, como siempre, ha llegado tarde a la guerra, y la justicia, no, la justicia no ha llegado tarde a la guerra, la justicia es utopía. El liderazgo de Bashar ha propiciado el continuo asesinato de civiles dentro de su territorio. Innumerables son las veces que la opinión pública internacional ha sido testigo de atroces matanzas perpetradas contra civiles inocentes y ajenos al conflicto. Miles son las madres que han perecido intentando salvar la vida de sus hijos, cientos son los niños que han caído debido a un conflicto del que estoy segura, nada deben entender. Según la legislación internacional, necesariamente debe ser otorgado el estatuto de beligerante a los grupos rebeldes para que así, finalmente comience el conflicto civil a ser objeto de derecho. Existe también la posibilidad de que los disidentes declaren que sus motivos son de entero interés nacional, para entonces comenzar a llamar guerra a la guerra y pretender juzgar de asesino al asesino. Lo que sí es preocupante, es que a estas alturas del siglo globalizado, las normas que rigen los conflictos armados internos estén tan vagamente desarrolladas. Algunos consideran que de desarrollarse plenamente estas leyes, el intervencionismo colmará el tope de la idiosincrasia de las grandes potencias, provocando así el auténtico fin de la soberanía Estatal. Le consideran, una excusa para colonizar naciones ricas en minerales que pudieran con el tiempo convertirse en una sólida fuente de ingresos para sus Estados. Así pues, nunca faltará quien alce la voz para culpar a los poderosos de la masacre, a los que reparten armas a los rebeldes, a los que tienen intereses encontrados, a los que…, a los que…, a los que pudieran tener un sinfín de motivos para que el líder abandone el poder. Para mí, es un poco diferente. Creo que la soberanía reside en el pueblo y que, al morir indiscriminadamente el pueblo que no puede ser ya diferenciado entre “blancos” y negros”, “buenos” y “malos”, “con Bashar” o “contra Bashar”, el líder debe aceptar que es momento de retirarse. Ningún pueblo merece morir en nombre de un hombre, ninguna soberanía tiene el derecho de objetar el dolor y el sufrimiento humano en nombre de un hombre, ninguna legislación puede defender lo indefendible. La verdad es que la gente en Siria está muriendo. La verdad es que Bashar lo sabe. La verdad es que la Comunidad Internacional está presenciando una masacre desde la comodidad de una silla de cuero. La verdad es que pareciera que una ideología puede más que una vida. La verdad es que no hay justicia capaz de juzgar a Bashar. La verdad es que no hacemos más que guardar silencio. El asesino tiene nombre y apellido. Al Assad es su apellido, y en este preciso instante, ha dado otra orden para matar. via […]



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