Fotos con Historia: La Plaza de Tian´anmen, testigo muda de una matanza

FOTO CON HISTORIA.

El Partido Comunista ordenó al ejército acabar con las manifestaciones que, entre abril y junio de 1989, pidieron reformas políticas para China.

JUAN LAZCANO. El 8 de abril de 1989 muere de un infarto Hu Yaobang, el líder reformista que había sido destituido por Deng Xiaoping tras las primeras revueltas estudiantiles de 1986. Su muerte encendió la pólvora de la protesta entre la comunidad universitaria, que llenó Pekín con sus fotografías y llevó coronas de flores en su honor al monumento a los héroes de la Revolución de la plaza de Tiananmen.

Yaobang había luchado por la rehabilitación de los perseguidos por la Revolución Cultural y era favorable al cambio político en China, lo que le creó enemigos en la línea más dura del Partido Comunista. La espectacular reforma económica en el país del dragón no ha ido nunca acompañada de una apertura política.

Con el tiempo, lo que parecía ser una manifestación de duelo se transformó en una protesta popular que demandaba cambios en China. Los estudiantes, denunciaban al sector más ortodoxo del Politburó chino, pedían el fin de la corrupción burocrática y, sobre todo, clamaban por una mayor libertad en su país.

Durante dos intensos meses las protestas iban a poner en jaque a los dirigentes del partido. La visita oficial del dirigente ruso Mijail Gorbachov a mediados de mayo fue el aliento decisivo para que se sumaran estudiantes, obreros y profesionales de las distintas ciudades y provincias chinas.

Pese a la imagen idealizada que a veces se ha transmitido, no fue un movimiento organizado sino espontáneo. Su plan no fue acabar con el comunismo en China, sino pedir reformas. Las huelgas de hambre de los estudiantes y sus gritos catalizaron las diferentes demandas de muchos ciudadanos, pese a que la mayoría de la sociedad china ya fuese por miedo, desinterés o militancia, se mantuvo al margen de su lucha.

En la cúpula comunista las discusiones sobre como recoger el guante que les habían arrojado se crispaban cada vez más. Por un lado Li Peng, primer ministro, quería responder al desafío con la fuerza y aplastar cualquier amenaza. Frente a él, Zhao Ziyang, secretario general del partido, fue el principal defensor de llegar a una solución dialogada. La balanza cayó por el lado de la línea dura y Zhao sería destituido.

Los estudiantes que a la altura del 30 de mayo todavía estaban acuartelados en Tiananmen y construyeron una estatua llamada “Diosa de la Democracia” (minzu nushen), similar a la Estatua de la Libertad. Eran conscientes de la presencia en Pekín de un nutrido grupo de corresponsales extranjeros y querían lanzar un mensaje al mundo.

Liu Xiaobo, uno de los líderes informales de las protestas, intentaba por esos días dialogar con los sectores menos conservadores del régimen con el fin de evitar lo que ya se estaba cocinando en las reuniones de los jefes del Partido Comunista. Había que disolver la protesta, y lo tenía que hacer el ejército.

La noche del 3 al 4 de junio el ruido de los tanques inundó las calles de Pekín. Miles de soldados avanzaban por las avenidas de la capital china. El rodillo militar aplastó con facilidad las improvisadas barrricadas que encontraban en su camino a la Plaza de Tiananmen.

Muchas personas, en su intento de parar el avance de los soldados, murieron bajo el peso de los tanques. El caos y la muerte se extendieron por las avenidas adyacentes a Tiananmen, donde se concentraron la mayoría de las bajas civiles, puesto que cuando el ejército llegó a la plaza los estudiantes querían evitar un mayor baño de sangre y pactaron su retirada.

Las columnas militares borraron los restos de la revuelta estudiantil, pero la imagen del rebelde desconocido, desafiando solo a una línea de tanques hasta pararlos, iba a dar la vuelta al mundo. Lo que en Occidente se convirtió en un símbolo de la resistencia democrática, en China fue usado como ejemplo del buen trato que dio el ejército chino a los civiles en su intervención. Cada cual escribe la historia como mejor le convenga.

El Partido Comunista Chino justificó la matanza, en palabras de Deng Xiaoping, como necesaria paraevitar una rebelión contrarrevolucionaria cuyo objetivo era acabar con el sistema socialista (…) y establecer una república burguesa enteramente dependiente de Occidente“.

Desde EE.UU. la condena fue tibia, ya que la Administración de George Bush padre estuvo más interesada en conseguir la neutralidad de China en el Consejo de Seguridad de la ONU para que se aprobase su intervención militar en Kuwait, que dio lugar a la Guerra del Golfo entre 1990 y 1991.

La condena internacional de los hechos fue más tímida de lo que cabría esperar, cuando no simplemente retórica. Sin embargo, la cuestión de los Derechos Humanos en China sigue siendo el principal lastre en sus relaciones diplomáticas, dado que a nivel económico y comercial es ya la segunda potencia del mundo.

FUENTE: http://suite101.net

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