Opinión: Terror ZETA

OPINIÓN.

La organización criminal creada por ex militares mexicanos que decidieron desertar a las fuerzas legítimas de su país para trabajar con los carteles, se ha convertido en una peligrosa milicia con tentáculos en varios países.

 

GIULIANA IPPOLITI. Tras la reciente captura de cinco presuntos miembros de la delincuencia organizada, entre ellos el supuesto líder de Los Zetas en la localidad de Sabinas Hidalgo, es inevitable hablar de lo que sucede en México, de su violencia, de su gente. Así que por favor, preste atención detenidamente.

Regálese la oportunidad de analizar – mientras degusta el trago amargo de- las palabras por venir. ¿Preparado? Secuestro –secuelas-, robo –del-, homicidio –crimen-, extorsión –organizado-. Imagine también la cantidad de víctimas que ha cobrado este fenómeno, así como el terror que ha infundido en las poblaciones donde se ejecutan sus actos. ¿Puede sentir el miedo? ¿Hay una pizca de empatía en su cuerpo? Si su respuesta es afirmativa, entonces, continuemos.

Los miembros de Zeta son sicarios a sueldo que antes habían sido miembros de las Fuerzas Armadas mexicanas y que fueron entrenados por fuerzas de élite extranjeras (Por lo que poseen alta capacidad en el manejo de armas sofisticadas y saben muy bien como desenvolverse en contrainsurgencia; lo que los convierte, además, en un grupo excesivamente peligroso). Estos desertores trabajan para el Cartel del Golfo y son pagados por Osiel Cárdenas Guillen, quien -tras una muy buena estrategia de reclutamiento- les ofreció exuberantes salarios (En algunos casos pagaba el triple del sueldo anual, en un mes); por lo que en un giro de 360 grados,  los enemigos del Estado mexicano se convirtieron en jefes de los militares de alto rango de dicho Estado. Y usted posiblemente se preguntará por qué, pues la respuesta es sencilla,  porque por la plana baila el mono.

Los zetas se dedican además, al tráfico de droga y trafico de personas. Y ahora mismo, intentan reclutar a jóvenes, menores de edad e inmigrantes ilegales.

Uno de los factores más resaltantes, es el negocio del narcotráfico, el cual constituye el pilar fundamental de los Zetas, ya que con esto no solo garantizan su poderío económico, sino también la expansión criminal. Asimismo, la organización de narcotráfico mexicano es tan monetariamente poderosa, que involucra a altos funcionarios estatales (México, Guatemala) y jefes policiales en el contrabando de cocaína, marihuana, metanfetamina y heroína, desde la frontera de México hasta las principales ciudades de Estados Unidos. Pero, no solo eso, la maquinaria contrabandista es tan tácticamente ingeniosa que en oportunidades, el tráfico de drogas se hace bajo tierra y  a través de grandes túneles.

Por otro lado, la  expansión de los miembros de Zeta ha ido desde Centroamérica, pasando por Texas hasta Venezuela, donde el gobierno venezolano reveló en marzo del año pasado, la extradición a Estados Unidos del colombiano –miembro de la organización- Luis Tello y de su esposa. Lo que significa que el problema ha difuminado fronteras, y lo que representa –a su vez- un motivo de peso para que los gobiernos ejecuten planes de defensa y contraataque que vayan más allá de asesinar cabecillas que son sustituidos por otros cabecillas, y que al final solo arrojan proyecciones viciosas en un espiral interminable.

¿Por qué mercenarios?

Varias han sido las matanzas de ciudadanos cuyos cuerpos fueron dejados a la deriva como evidencia a la violenta situación. Años atrás, unos 30 campesinos fueron asesinados y decapitados en una granja ubicada en la frontera de Guatemala con México (Hecho que representó la masacre más alarmante desde la guerra civil guatemalteca en 1996). Cientos, son los casos de asesinatos dirigidos por los agentes desestabilizadores del Cartel del Golfo.

Mientras otros grupos de gran reconocimiento como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Euskadi Ta Askatasuna (ETA), los Talibanes y Al-Qaeda, actúan con fines políticos y sociales basados en una ideología. Los miembros de Zeta actúan netamente por el beneficio económico personal. Es por tanto, que surge la necesidad de profundizar sustancialmente en el oficio de estos hombres llegando a la etimología de su profesión en una palabra: Mercenarios.

La de mercenarios quizá sea la profesión más antigua del mundo, y  se refiere a asesinos a sueldo que no rinden cuentas a ningún Estado ni a las leyes internacionales. ¿Su fin último? El beneficio económico y personal ¿Su medio? La violencia, el terror y la muerte.

 ¿El Auschwitz de México?

Mientras hurgaba noticias en la web, tropecé con un titular tan sorprendente, que me dejó reflexionando varios minutos sobre su trasfondo: “¿El Auschwitz de México?”

Recordaran ustedes que Auschwitz fue un campo de concentración que formó parte del genocidio judío suscitado bajo el mando de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y que arrojó un saldo de 6 millones de víctimas. De ahí, la razón de mi sorpresa al leer semejante comparación; ya que la noticia se refería al narcotráfico mexicano y no a una guerra –civil o internacional- debidamente declarada.

Resulta que, a finales del mes de abril del año que pasó, fue encontrada una narcofosa Común en Tamaulipas (Zona dominada por los Zeta en México) con 177 cadáveres de víctimas que habían sido secuestradas -a bordo de autobuses-, torturadas y masacradas. El acontecimiento causó tal impacto en la opinión pública mexicana que algunos analistas calificaron el hecho como “nuestro Auschwitz” y el “genocidio mexicano”. Evidentemente, la comparación podría parecer una locura, considerando en primera instancia que Auschwitz no era una “simple” fosa común; en Auschwitz se gestó uno de los mayores crímenes que conoce la humanidad. Sin embargo, es posible entender a los mexicanos que han querido gestar -partiendo de la opinión pública- el debido reconocimiento del conflicto que vive su país; ya que, pese a que las matanzas en Tamaulipas son alarmantes, en la comunidad internacional no se les ha dado la importancia que merece.

Comparar Auschwitz con Tamaulipas no es una exageración, es una solicitud de atención, de intriga, y –quizá- de algo tan sencillo como tiempo para detenerse a conocer un conflicto profundo y silenciado, que desde el 2006 suma 35.000 muertos y 5 mil desaparecidos.

Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

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