Sobre Limardo, No hay Deportes Burgueses ni Deportes Plebeyos

OPINA UNA VENEZOLANA.

Por Loly García.

Es mi opinión: No hay deportes burgueses ni deportes plebeyos. Solo deportes, solo deportistas, sudor, sacrificio, concentración, ganas, superación y para botón, tampoco -en mi opinión- hay buenos y malos deportistas. Quién decide hacer deporte ya es un ganador, tal vez no de preseas pero si de salud, tiempo invertido en actividades sanas, es alguien con autoestima, denota perseverancia y no pierde tiempo en vicios y delitos. Pecadillos blancos y menores tenemos todos y haciendo deporte se amilanan.

Con este introductorio, dejo clara mi posición sobre el papel del estado quién  –por ahora- está en la obligación de impulsar el deporte. Cualquier deporte y a cualquier deportista. Y digo por ahora, porque esperamos que a futuro, este sea un país que no necesite de dádivas, ni mecenas, ni funcionarios para impulsar estas prácticas pues será una actividad que se promueva a si misma, con deportistas maduros quienes a su vez serán parte de una sociedad productiva y próspera y no un pueblo que espera eternamente.

Cuando un presidente y sus funcionarios públicos entiendan su verdadero papel de impulsadores anónimos porque para eso fueron elegidos y no para ser estrellas pop, veremos entonces a nuestros atletas ganar en “cambote” como decimos en criollo. El esfuerzo de Limardo es digno de no olvidar jamás, como no debemos olvidar a nuestro “Morochito” Rodríguez, porque, con toda seguridad,  estuvieron mañana tarde y noche practicando con ahínco (Limardo con su espada, Morochito con sus puños), perdiéndose de fiestas, paseos, jolgorios…concentradísimos en su meta. No hay ningún mérito en haber apoyado a Limardo, al contrario, fue un deber de estado, el mérito lo tiene el muchacho, su familia, su entrenador.

Ruego a la providencia que no nos convirtamos en un país de atletas por conveniencia sino, al contrario,  por el más puro amor al deporte. Convertirnos en aves pendientes de cualquier evento deportivo para aprovechar la oportunidad de ver abierta la puerta de la jaula me atemoriza, me horroriza que comencemos a criar a las Nadias Comanecci del futuro.

No lo pude ver en vivo, solo días más tarde y aun así las lágrimas de Limardo me hicieron sentir (de nuevo) lo mucho que necesitamos ser un solo país, porque…ese himno que ejecutaron en Londres…es el mismo que canté en mi escuela todos los días de mi vida. Por mucho que un gobierno pague boletos, viáticos e inscripciones…si el atleta no se esfuerza, no hay medallas para traer. Lo contrario también aplica…pero en este caso, como ya dije, era un deber, no hacerlo sería una vileza.

Por cierto, ¿Saben dónde queda Polonia?

Bajo la protección del Articulo19 de la Declaración de Derechos Humanos, que estipula: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Declaración Universal de los Derechos Humanos; Asamblea General de la ONU el 10.12.1948.

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