El Mundo de España: La cruzada del fin del mundo #StopKony

ESPECIAL.

En el corazón de la República Centroafricana 900 soldados buscan a Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor.

Por Raquel Villaécija | Alberto Rojas.

Una veintena de soldados ugandeses actualiza un ritual antiguo en el pequeño aeródromo de Djema: escribir cartas de amor a novias y esposas antes de partir a la batalla, sólo que ya no se guardan en el bolsillo del pecho. Ellos las mandan a través de sus teléfonos móviles. Las Fuerzas Especiales de EEUU desplegadas por Obama ya han transmitido las coordenadas de un grupo sospechoso en medio de la jungla centroafricana gracias a sus aviones espía. La orden se repite de nuevo:“Joseph Kony, líder del Ejército de Resistencia del Señor. Vivo o muerto”.

Son parte de los 800 soldados ugandeses y los 100 estadounidenses que peinan la selva con alta tecnología, pero sólo los africanos pasarán semanas a pie tras el rastro de muerte que deja Kony, el hechicero del Nilo, el cruzado apocalíptico, el de las pócimas mágicas. Siempre les lleva un día de ventaja a razón de 60 kilómetros al día, pese a tener 53 años.

Uno de los ugandeses que ejerce de rastreador lleva 25 años tras Joseph Kony, así que ya sabe, con ver los restos de la comida en una hoguera humeante, cuál de los comandantes del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, en sus siglas en inglés), la milicia más longeva y mortífera de África, cenó allí. Si el rastro incluye restos de pollo, noche sí y noche también, es que el ‘profeta’ Kony “está cerca, muy cerca”.

Canibalismo forzoso

Yanick, un ex soldado del LRA, acaba de salir de clase de reinserción. Lo secuestraron en un camino junto a 17 compañeros y pasó dos años en la selva matando y, lo que es casi peor, comiéndose a aquellos que mataba.“Yo he comido personas cuatro o cinco veces. He grabado LRA sobre la espalda de una persona y la he matado. A veces cortaba los brazos y los tiraba en el camino. También a los niños. Porque cuando asaltábamos aldeas y capturábamos gente nos llevábamos también a mujeres y niños. Si el bebé lloraba, lo mataba y lo dejaba en la selva”.

Los 10.000 refugiados que se han reunido en Zemio en los últimos meses huyen de esta amenaza. Muchas víctimas son mujeres que acuden a la pequeña maternidad en la que trabaja Jean de Diem. Sus manos, las que usa para traer niños al mundo, estuvieron un día al servicio del mal.

El enfermero, siempre con sus dos paritorios en hora punta, sólo estuvo tres semanas enrolado a la fuerza en esa tropa de niños y adolescentes manipulados por el odio. Su memoria guarda recuerdos de asesinatos, mutilaciones a machete, violaciones de mujeres y aldeas arrasadas. Y todo ello dirigido por un visionario apocalíptico que, aquí en Zemio, no tiene nombre porque nadie quiere convocarle como a un mal espíritu, pero responde a Joseph Kony.

“Sólo fueron tres semanas antes de escapar”, repite, pero su recuerdo es ya argamasa para las pesadillas del resto de su vida: “Cuando te secuestran, las órdenes hay que cumplirlas rápidamente”, afirma. “Si dudas, te matan al instante y te meten en el fuego para comerte”. El resto tendrá que alimentarse del que se niega a convertirse en un devorador de hombres. Así se deshumaniza a los nuevos miembros de la secta. “Yo también he comido personas. El que dice ‘no’ es el siguiente en ser comido”. Jean de Diem habla de canibalismo como arma de guerra, como instrumento para adoctrinar.

En el centro de este escenario bélico de aldeas que son ya muñones carbonizados, en un no país sin carreteras y un subdesarrollo neolítico, se levanta un pequeño lazareto gestionado por Médicos Sin Fronteras. Su responsable, Froukje Pelsma, advierte a los periodistas de lo que sucede en este rincón que apenas aparece en los mapas: “Si buscáis material para escribir, estáis de suerte. Hace tres días atacaron aquí”.

Desde su llegada, el Ejército de Resistencia del Señor ha destruido poco a poco a esta pacífica comunidad, que no entiende por qué un señor de la guerra ugandés que se denomina así mismo profeta y que pretende crear un Estado basado en los 10 mandamientos ha llevado el idioma de las armas hasta allí.

Y si la sociedad no se ha desmoronado del todo es gracias al trabajo de organizaciones como MSF, que ofrece asistencia a las víctimas del conflicto; a la Misión Católica, que construye escuelas para los refugiados, y al trabajo de gente como José Carlos Rodríguez Soto, ex misionero y único español que ha hablado con Kony, el fundamentalista de las 60 esposas y 42 hijos: “Es un manipulador de mentes que aterroriza a la gente”.

Aquí nadie sabe de vídeos propagandísticos como el polémico Kony 2012, con sus pósters, virales en Youtube, chapas y mensajes de Rihanna y Justin Bieber. En la vida real, en este kilómetro cero de África, el ‘profeta’ Kony anda suelto, sus aldeas ya no existen y sus vidas caben en una bolsa sobre sus hombros cargados por el miedo.

Para ver el vídeo exclusivo de El Mundo, haga clic aquí.

21/Octubre/2012.

FUENTE: www.elmundo.es/

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