África: Niños Soldados

ESPECIAL.

Por Freddy Navas (14años)*

Desde ya hace mucho tiempo, en África, específicamente en El Congo, existen grupos guerrilleros (y a veces hasta la misma milicia) que secuestran a miles de niños, separándolos de sus familias y asesinando a estas y destruyendo el pueblo en que solían habitar con el fin de  separarles de su pasado e incrustarlos en una nueva vida dura y sanguinaria con un destino mortal: Enviarlos a combatir en conflictos internos y operaciones militares.

Los niños solados poseen una personalidad agresiva y deprimente debido a la eliminación de su feliz pasado, portan armas rusas, fuman marihuana, se embriagan con aguardiente y son entrenados duramente antes del combate. A los niños soldados del Congo se les llaman Kadogos, y aunque se trate de un crimen de lesa humanidad convertirlos en este estereotipo, ninguno de sus secuestradores o jefes ha sido llevado ante la justicia internacional.

Todo rastro de sus sentimientos son eliminados, y lo comprueba Patrick, que dice tener 20 años, pero no pasa de los 14. Éste monta guardia varias noches sobre un taburete incómodo y plantea lo siguiente: “Llevo en el ejército 4 años, asesinaron a toda mi familia. He estado en combate y he asesinado a muchas personas, pero cuando lo hago no siento nada. Hace mucho tiempo que no voy a la escuela”.

“He visto morir a mis amigos. No a muchos. A todos”. Gestaing, otro niño soldado, habla rápido, como si estuviese contando la vida de otro o, simplemente, como si no quisiese darse cuenta de que es la suya la que está dibujando con palabras entrecortadas. Habla mientras surfea al mismo ritmo hiperacelerado sobre su moto Made in China por las carreteras en construcción de Bunia, capital de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo. La ciudad es un hervidero sin ley ni Estado que recuerda a las películas del Lejano Oeste. Hoteles, bares y tiendas surgen como hongos: Bunia tiene una prisa tremenda por cambiar de piel en el intento, urbanístico y económico, de borrar las profundas cicatrices de unas guerras —la de Ituri y las dos de Congo— largas y brutales. Gestaing, como mucho, logra maquillar sus heridas.

En 2002 las milicias de la UPC, la Unión de Patriotas Congoleños de Thomas Lubanga, entraron en su casa y le robaron su adolescencia. “Los milicianos llegaron a mi aldea, en el norte de Bunia, en el camino que va hacia las minas de Mongbwalu. Estaba con mi madre y mis hermanas. Mi padre ya nos había abandonado por la guerra. No teníamos nada que darles, así que me raptaron. Tenía 14 años”. No fue el peor parado. “Conmigo atraparon también a unos niños de 8 o 9 años. Yo era de los mayores, eso me ayudó para sobrevivir.

Fidel, otro niño soldado, cuya apariencia es la de un niño normal, como cualquier otro. Fidel tiene un hermano de 18 años que desertó de los Mai-Mai, una de las múltiples facciones armadas que existen en el este del Congo. Algunos hombres del grupo fueron a buscarle a su casa, pero en su lugar, encontraron a su hermano y decidieron llevárselo.

“Mi madre suplicó llorando” dice. “Los rebeldes le dijeron a mi madre que me dejarían en casa si pagaba 100 $. Pero éramos pobres y no teníamos ese dinero”.

Mientras se alejaba, su madre gritaba. Los soldados le dijeron que se callara o la matarían.

Para él, aún ahora es difícil permanecer tranquilo. A pesar de que se encuentra en un lugar seguro, todavía tiene demasiados recuerdos.

“Solía cargar con la munición para los soldados cuando estaban en el frente. Un día, vi 60 cuerpos muertos en el campo de batalla. Entonces supe que tenía que escapar o acabaría muerto yo también”.

Después de seis meses de lucha, Fidel logró escapar durante la noche, mientras los soldados dormían. Corrió en la oscuridad de la noche hasta que llegó a la base de MONUC, la fuerza pacificadora de Naciones Unidas en el Congo.

En mi opinión, estos actos son una completa falta de humanidad, también provoca más violencia en la entidad y nunca progresará porque le eliminan la educación a los jóvenes. Ante esta situación, tiene que actuar la Organización de Naciones Unidas, instando a las autoridades judiciales a hacerle una pausa eterna a esto, para así poco a poco llegar a la paz que todos queremos.

23/Octubre/2012.

Con información de ABC de España.

*Freddy Navas Vásquez. Venezolano, estudiante del Segundo año de la escuela secundaria (Bachillerato). Con 14 años de edad sabe lo que quiere y hacía donde va, escribe por vocación y disfrute.

 

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