Trágico destino tendrán las dos integrantes del grupo punk Pussy Riot, alejadas de la sociedad

RUSIA.

(EL MUNDO).- Alejadas de la capital, estas cárceles son como campos de trabajo en los que las presas siguen estrictas normas.

Los próximos dos años no van a ser fáciles para Maria Aliojina y Nadia Tolokonikova. Las dos jóvenes rusas integrantes del grupo de punk ruso Pussy Riot, condenadas a dos años de cárcel por “gamberrismo motivado por odio religioso”, han sido enviadas a centros penitenciarios lejos de Moscú, según ha indicado su abogada a la agencia France Presse.

Las despertarán al alba para hacer gimnasia en el patio, aunque en invierno haga 30 grados bajo cero. Desayunarán gachas pastosas y trabajarán siete horas por menos de diez euros al día, seguramente cosiendo uniformes o manoplas. Y por las noches dormirán en barracones, compartiendo celda con otras 40 reclusas, según detallan los conocedores del sistema penal ruso.

Moscú no tiene ninguna prisión para mujeres, así que la suerte estaba echada para las dos. Las autoridades sólo permiten que los reclusos cumplan condena en los mismos centros de detención temporal cuando tienen habilidades que pueden ser de utilidad en las instalaciones. Los abogados de ambas habían intentado que se les buscase un hueco como cocineras en el penal de la capital, pero tal y como esperaban no han sido las agraciadas.

Se sienten demonizadas por los canales de televisión estatales tras haber irrumpido en una catedral el pasado mes de febrero para gritar una ‘oración punk’ contra el hoy presidente, Vladimir Putin. La propia juez fue clara en su veredicto: “Su conducta sólo puede ser enderezada aisladas de la sociedad”, así que quedarán separadas a cientos de kilómetros de distancia de cualquier persona conocida. Rusia tiene 35 prisiones para mujeres repartidas por todo el país.

Las familias no sabían nada

Los familiares no sabían nada del traslado. Varios acudieron a la cárcel a llevarles provisiones y allí les dijeron que Nadezha Tolokonikova había sido trasladada a la región de Mordovia, una región que está situada a unos 500 kilómetros al este de Moscú. Maria Aliojina ha sido llevada todavía más lejos, a la región de Perm, en los Urales, según detalla la letrada Violeta Volkova, que ha averiguado que su salida de la capital se había producido el sábado, aprovechando el parón informativo del fin de semana.

Por un lado es un alivio, pues desde el entorno de las Pussy Riot se asegura que la celda provisional era “una pocilga”. Pero el peculiar sistema penal ruso puede minar la moral de estas dos jóvenes universitarias, que se moverán entre delincuentes reincidentes y adictas a los narcóticos.

Lev Ponomarev, impulsor de una ONG por derechos de los presos, explica que los funcionarios suelen ocuparse del perímetro más externo de la prisión. La disciplina interna muchas veces corre a cargo de otras internas “de confianza” que imponen brutalmente la ley dictada desde arriba a cambio de privilegios. Ambas chicas son jóvenes y mucho más guapas que la media de la población penal y están acusadas de odio a la religión: estos factores las pueden convertir en objeto de abusos o ataques por parte de otros reclusos, temen los observadores. Los posibles contagios, sobre todo del VIH, y la pobre asistencia médica son otras preocupaciones de las ONG rusas, que creen que poco a poco el Gobierno está aplacando estos problemas.

‘No perdonar para seguir siendo personas’

El dinero que ganen lo pueden gastar en cigarrillos, comida, jabón o papel higiénico. “Deben aprender a no confiar, a no temer a nadie y a no perdonar para seguir siendo personas”, explicaba hace unos días con crudeza a la agencia AP Svetlana Bajima, una abogada que fue reclusa hace años.

Nadia y Maria tendrán poco tiempo libre. No podrán tener consigo a sus hijos pues superan la edad de tres años. El de María tiene cinco años, la niña de Nadia tiene sólo cuatro y está con sus abuelos. Según el marido, Peter, “ya sabe lo que está pasando”. Ahora su madre estará todavía más lejos, en una región conocida por las plagas de mosquitos.

El sistema en Mordovia es inflexible. Uno puede pasar 15 días en una celda de aislamiento total por el menor fallo: no ponerse las manos en la espalda cuando pasan lista cada mañana; no responder con prontitud a los guardias; verse envuelto en una pelea o cosas por el estilo.

Un ex embajador de EEUU en Rusia describió el sistema penal ruso en un documento privado desvelado por Wikileaks como “una mezcla de lo que ha sido Rusia hasta ahora: lugares recónditos, un clima agresivo y una burocracia despreciativa”. Los reclusos canjean regalos del exterior a cambio de protección de algún matón. En las cárceles de mujeres hay menos violencia física pero más casos de humillación, conflictos entre las decenas de compañeras de cuarto y amenazas de violación.

“Nadia está de camino a Mordovia. A la cárcel del infierno”, escribió con amargura nada más enterarse Peter, su marido, en la cuenta de Twitter el grupo artístico radical Voina (“guerra”, en ruso), del cual es impulsor.

Las instituciones penitenciarias de Perm y de Mordovia rechazaron hacer ninguna declaración sobre el supuesto traslado de las dos jóvenes. Pero las familias y las amigas de las dos no tienen esperanzas en que dentro de dos años las jóvenes salgan con mejores historias que contar que las ya conocidas sobre el vigente ‘gulag’ ruso.

23/Octubre/2012

07:53 hrs.

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