Israel sí mató al número dos de Arafat

ISRAEL.

¿Tuvo dudas antes de apretar el gatillo? “Había leído todas las páginas del dossier de información sobre él. Abu Yihad estaba relacionado con actos horrendos contra civiles. Estaba condenado a morir. Le disparé sin dudarlo”, contesta Nahum Lev, el oficial israelí encargado en el terreno (Túnez) de la operación que mató a Jalil al-Wazir. O como aún es conocido 24 años después, Abu Jihad. Su nombre de guerra.

En la primera confesión de un testimonio israelí sobre la autoría de la muerte del cabecilla de la OLP y número dos del líder palestino Yasir Arafat, Lev concedió una entrevista al periodista Ronen Bergman en agosto del 2000, antes de morir en un accidente con su motocicleta. Tras meses de gestiones del diario Yediot Ajaronot ante la censura militar, ésta permite ahora adentrarse en la operación efectuada por la unidad de élite del Ejército (Sayeret Matcal) y la “unidad de operaciones” del Mosad (Cesarea).

Una compleja misión en el corazón de un país árabe enemigo para matar al que Bergman define como “el planificador y arquitecto de graves ataques terroristas de la OLP contra Israel durante muchos años”. Tras el asesinato de Abu Yihad, las acusaciones se dirigieron hacia el Mosad. Un secreto a voces y a tiros con silenciador que se convierten hoy en confirmación.

15 abril 1988. Camuflados en la oscuridad y a bordo de lanchas de la unidad de de la Fuerza Naval (Shayetet 13), 26 miembros de Sayeret Matcal llegaron a las costas de Túnez, sede del cuartel general de la OLP. Agentes del Mosad les esperaban para completar una misión que había sido ensayada “de forma detallada” en el norte de Israel. Lev -número dos de Sayeret Matcal- lideraba un grupo de ocho soldados que debía abrir el camino y penetrar en el edificio donde estaba Abu Yihad.

“El coche se paró a medio kilómetro de la casa y los soldados bajaron. Lev y un soldado disfrazado de mujer avanzaron como una pareja en un paseo nocturno. Lev llevaba en una mano una gran caja de bombones mientras escondía la otra. No contenía chocolates sino una pistola con silenciador. Lev se acercó al primer guardaespaldas y le mató”, cuenta Bergman.

Lev recuerda: “En esos momentos estaba tan concentrado en la misión que no tenia miedo. Sólo quería que todo saliera bien”.

El comando de Lev irrumpió en el edificio y mató al segundo guardia. En ese momento apareció un hombre. Entonces no sabían que era simplemente el jardinero tunecino. “Me dio mucha pena ya que realmente no había hecho nada. Pero en estas misiones hay que asegurarse que toda resistencia potencial sea neutralizada”, afirma

Tras los disparos de otro soldado, Lev se colocó enfrente de Abu Yihad. “Me pareció que tenía una pistola en la mano. Le disparé una larga ráfaga teniendo mucho cuidado de no herir a su esposa que había llegado al lugar. Está muerto. Otros soldados se cercioraron de que estaba muerto disparándole“, explica Lev en una entrevista efectuada hace doce años.

La operación fue posible gracias a la información de por los servicios secretos. “El Mosad actuaba en Beirut, Siria o Europa pero nunca estuvo en Túnez por lo que Abu Yihad se sentía seguro. Nunca pensó que llegaríamos hasta allí”, afirma.

Ya de regreso en Israel, Lev fue condecorado con la medalla del valor del Ejército. Algo que nunca entendió. “Lo que hubo fue una planificación puntualizada y el cumplimiento de los detalles más pequeños. Es importantísimo y creo que tuve una parte importante pero ¿qué tiene que ver esto con el valor?”

La carpeta con la ‘hoja de servicios’ de Abu Yihad en la sede del Mosad explicaba la protección que, pese a su oposición, le rodeaba. Los organismos de seguridad israelíes cifran en 125 civiles y soldados muertos en acciones ejecutadas o planeadas por Abu Yihad. Entre ellos, el atentado del autobús en el norte de Israel que acabó con la muerte de 38 personas en el 78.

Israel le consideraba el jefe militar de la OLP, una figura clave en la alianza- en ese momento incipiente -con el grupo chii Hizbulá y uno de los artífices de la primera Intifada en los territorios ocupados.

Como Arafat, Abu Yihad sabía que el Mosad le perseguía. Sólo era cuestión de esperar el permiso del primer ministro de turno y posteriormente la oportunidad y el lugar.

Asumiendo los riesgos de una cadena de atentados como represalia, el primer ministro Isaac Shamir tomó la decisión apoyada por su titular de Defensa Isaac Rabin. La operación fue dirigida por el entonces jefe del Estado Mayor, Dan Shomron, y un ex responsable de Sayeret Matcal, Ehud Barak.

El atentado contra un autobús de empleados de la central nuclear de Dimona impulsó la decisión final. “Nos ha enviado Abu Yihad”, dijo uno de los agresores antes de ser abatido. Allí se encendió la luz verde de la operación que finalizó en la madrugada tunecina del 16 de abril.

En ese momento, el hijo de Abu Yihad, Jihad al Wazir, tenía 23 años y trabajaba en Estados Unidos. “Israel convirtió a mi padre en un héroe”, dijo. La familia y la OLP que en esos tiempos mantenía una guerra sin cuartel con los israelíes, nunca dudaron de la autoría de una acción confirmada hoy al detalle.

FUENTE: ABC DE ESPAÑA.

02/Noviembre/2012.

Comments
One Response to “Israel sí mató al número dos de Arafat”
  1. Roberto Dante dice:

    – Israel Y Asesinatos Del Mossad

    roberto dante –
    Lanús Argentina, nov 2012 –

    Centro mi comentario en la sentencia del profeta Ezequiel:
    “Y los enemigos sabrán que soy el Señor cuando haga caer mi venganza sobre ellos”.
    El mismo dio sustento a los sionistas (NO SON LA MAYORIA DE LOS JUDIOS) que interpretaron la sentencia, desde un punto de vista equívoco, para justificar sus métodos represivos contra los pueblos que reaccionan y cuestionan sus intereses colonialistas en Medio Oriente.
    Agrego algunos hechos del accionar terrorista del sionismo que ya he comentado; pero, creo, que vale la pena refrescar.

    -“Asesinan a científico en Irán. Culpan a Israel y EE.UU.”, informó la agencia Mehr – cable del 24 / 07 / 2011 –. Cito lo anterior debido a que su actualidad no es casual, es inequívocamente causal. En Oriente Próximo predominan los deshumanizados métodos expansionistas que intentan aniquilar las diversidades étnicas y culturales.

    Hace ya más de un año que, en un reportaje, el director Daniel Borenboim (co-fundador de la “Orquesta del Diván Este-Oeste”), de nacionalidad israelita/palestina –esta última otorgada en el 2008 de forma honoraria-, afirmaba que “Las víctimas de ayer (Israel) no tienen hoy la menor compasión”.
    Sobre que Israel no tiene la menor compasión no quedan dudas. Lo cual da mayor credibilidad a lo informado por la agencia Mehr. Los antecedentes sobre este accionar son numerosos.

    En el documento titulado Building a Political Firewall Against Israeli Deslegitimization que el think tank israelí del Instituo Reit se preocupan “por la dura crítica global a Israel” en el informe Golstone (para la ONU), debido al ataque israelí sobre la población de Gaza (“operación plomo fundido”). No se autocritican, SOLO dicen que los “perjudica” para lanzar “duros” ataques militares.
    En el párrafo 124 recomienda: “atacar”, “sabotear”, “hacer pagar un precio a los que atacan a Israel”.

    SOBRE LOS ASESINATOS DEL MOSSAD:

    Deben ser legalmente aprobados bajo directivas fijadas hace más de medio siglo por Meir Amit, director general del servicio.
    “Cada ejecución debe ser sancionada por el primer ministro incumbente. Por lo tanto toda ejecución es patrocinada por el Estado, la máxima sanción judicial legal”.
    Así se autorizó el asesinato de Mahmud al-Mabhuh, un alto comandante militar de Hamas, en Dubai, en el 2010.

    Hace dos años que Dagan envió un equipo de kidon a Damasco a asesinar a Imad Mughniyeh.
    En el funeral de Mughniyeh en Beirut, su madre, Um-Imad, “gritaba que no tenía una fotografía para recordarlo”. Dos días después recibió un paquete. Contenía su fotografía. Se había enviado desde Haifa.

    El científico canadiense Gerald Bull, era experto mundial en balística de tubos de cañones. “Israel había hecho varios intentos de comprar su experiencia”. Bull había dejado claro su disgusto por el Estado israelí.
    El 20 de marzo de 1990, la aprobación para asesinar a Bull fue dada por el entonces Primer ministro Yitzhak Shamir. Nahum Admoni, jefe del Mossad, envió un equipo a Bruselas donde Bull residía.
    Le dispararon cinco veces en la cabeza y en el cuello.

    Las mismas tácticas se prepararon el 24 de octubre de 1995 para el asesinato de Fathi Shkaki. En la puerta del dormitorio de Shkaki encontraron un letrero de “No molestar”– una firma que se repitió en el asesinato en Dubai, ya mencionado-. (Ver: Gordon Thomas, “La Licencia para matar del Mossad”).

    Hoy: Israel posee la más aceitada maquinaria para asesinar desarrollada por los proyectos imperiales; como ayer los nazis, aniquila inocentes. Nada de esto sería posible sin la complicidad de EE.UU. y el encubrimiento de la ONU y la Unión Europea.

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