Opinión: Elecciones en Estados Unidos, Mitos y realidades. ¿La Democracia Perfecta?

OPINIÓN.

Por Vicente Márquez.

Aprovechando el “sprint” final que se ha dado en la campaña presidencial de los Estados Unidos, y la fuerte polarización entre el Republicano Mitt Romney y el Demócrata Barack Obama, no está de más tener en cuenta cómo funciona a ciencia cierta, el sistema electoral estadounidense.

Una democracia indirecta.

Un punto de honor que debe tenerse en cuenta, es el sistema electoral para elegir al Presidente de los Estados Unidos, ya que esa es una de sus mayores peculiaridades. En realidad, los más de 245 millones de Estadounidenses registrados para votar (inclusive en muchos Estados, una persona demostrando ser residente del Estado, y ciudadano estadounidense, puede registrarse y votar el mismo día de las elecciones), no escogen directamente al Presidente, ni al Vicepresidente. Lo que realmente eligen es a un Colegio Electoral, quién es el que en última instancia escoge a la pareja ganadora.

¿Qué significa esto para el ciudadano estadounidense común y corriente?, que ellos no eligen realmente entre Mitt Romney o Barack Obama, sino que escogen a unos “electores”, que representarán al Estado en cuestión en el Colegio Electoral, y éstos están obligados a votar por el candidato previamente escogido por el partido político que representan. Cada Estado tiene la misma cantidad de “electores”, que tiene de representantes y senadores en el Congreso de los EE.UU, lo que significa que este martes, los estadounidenses escogen a 538 miembros del Colegio Electoral, y para que algún candidato pueda ser electo debe reunir 270 “electores” de ese Colegio. Quizás algunos afirmen al leer esto, que la Democracia Estadounidense, no es tan buena, pero si vemos a las democracias parlamentarias europeas, el escenario no es tan distinto. En Europa los votantes escogen a unos diputados, que al final al constituirse el Parlamento, escogen al primer ministro, lo que en la práctica significa que el líder del partido o coalición con más diputados en la Cámara, será el jefe del gobierno, es un mito decir que los electores en esos países escogen directamente a su líder, sólo se escoge a un partido que en representación de la gente, escogen a un gobernante, en base al resultado de lo que dictan las urnas.

Dato importante: usualmente el candidato con más votos populares, es el que obtiene la mayor cantidad de “electores” para el Colegio. Sin embargo, en un par de ocasiones (1876 y 2000), el candidato electo en el Colegio, no resultó ser el candidato escogido por la mayoría de los votantes estadounidenses, este escenario, a la luz de lo que reflejan las últimas encuestas de la jornada, pudiera darse en estas elecciones de 2012.

Una democracia con tintes plutocráticos.

Siempre se dice que cualquiera puede ser presidente de un país, pero en los EE.UU, la situación no es tan idílica. Para ser electo, cualquier candidato debe tener presencia en todos los Estados de la Unión, pero aquí hay dos puntos interesantes a consideración: 1) Un candidato debe inscribir su nominación en cada Estado, para que pueda aparecer en la boleta de candidatos presidenciales de esa circunscripción y; 2) Para poder inscribirse en cada Estado, el pretendiente debe pagar un impuesto equivalente en promedio a US$ 5.000, sacando la calculadora, si se pretende inscribirse en los 50 estados y en el Distrito de Columbia (Washington), debe pagarse en promedio unos US$ 255.000, ya aquí se ve la primera traba: el factor recursos financieros. Ya para ser candidato, hay que tener un respetable poder adquisitivo.

Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que para poder tener presencia mediática, debe contarse con recursos para pagar spots publicitarios en todos los medios, carteles, chapas, camisas, aviones y hasta “voluntarios” para que estén por todos los medios posibles, buscando y captando posibles votantes. La pregunta que muchos se harán es ¿cada candidato tendrá ese dinero para pagar esos millones de US$, qué implica tales recursos?, pues no necesariamente, pues a diferencia de otras democracias occidentales, en los EE.UU, hay legislaciones muy suaves respecto al financiamiento de los partidos, tanto en la época de las primarias (en donde se escoge al candidato de cada partido y en donde ya se ve ese derroche de recursos) y en las elecciones presidenciales, en donde se pone “toda la carne en el asador”, por lo tanto cada partido tiene sus estructuras de captación de donaciones y fondos: desde ciudadanos comunes, hasta grandes empresas y corporaciones dan recursos para esos fondos, y eso, como ya se deben imaginar, genera un sesgo mercantil a la política estadounidense, en todos los niveles. El candidato electo es el que tiene más recursos económicos, y por añadidura, es el que los grandes financistas han apoyado con dinero, y esperan recibir con su gestión de gobierno, en consecuencia,  algún tipo de beneficio.

Una democracia rígidamente bipartidista.

Desde la independencia de los EE.UU, el sistema político estadounidense ha estado dominado por dos grandes partidos: el Republicano y el Demócrata. Ambos ideológicamente tienen diferencias particulares, los primeros se identifican como conservadores y partidarios de que el Gobierno tenga un peso muy limitado en la economía y en la sociedad, mientras que los segundos, en líneas generales, son más liberales y son partidarios de que el Estado tenga una participación (muy moderada eso sí) en el manejo de la economía y en los programas sociales. Más allá de eso, dentro de cada partido hay muchas tendencias, inclusive algunas muy dispares entre sí, inclusive entre los dos partidos es usual encontrar consensos en determinados temas e iniciativas, lo cual se confirma lo que algunos autores han dicho que de ambos partidos, son las “dos caras de un mismo partido”. En la práctica, las diferencias entre ambos partidos son sutiles y al mismo tiempo, son cambiantes, por ejemplo hasta mediados del siglo XX, los republicanos eran considerados los “liberales” y los demócratas eran los “conservadores”, después de la Segunda Guerra Mundial, estos calificativos se intercambiaron, como se describió al principio, muestra del pragmatismo de la política estadounidense.

¿Qué pasa con los terceros partidos?

Básicamente son testimoniales, el sistema político estadounidense, fomenta de forma muy clara el bipartidismo, ya que como se explicó en el punto anterior, hay que tener recursos monetarios no sólo para inscribirse, sino también para darse a conocer entre los votantes, y muy pocas veces estos partidos pueden llamar la atención de particulares y empresas para obtener recursos, para lograr la “proeza” de hacerle sombra a los dos grandes partidos. En muy contadas ocasiones terceros candidatos han podido lograr en una elección presidencial más del 10% de los votos (en 100 años, solamente en 1912, 1968, 1980, 1992 y en 1996, un tercer candidato logró llegar a ese porcentaje y en sólo en 1968, logró obtener “electores” en el Colegio Electoral). Por lo general, los terceros candidatos logran reunir, a lo sumo, cerca del 1% de los votos en su conjunto.

Una democracia poco participativa.

Los Estados Unidos no se caracteriza por mostrar altos porcentajes de participación en estas elecciones, como se puede ver en otras latitudes, en donde los porcentajes suelen ser altísimos, esto se da por tres razones: las elecciones por costumbre, se dan en fecha laborable; no todos los adultos con capacidad de votar están inscritos (se calcula que sólo el 70% en promedio de los estadounidenses en capacidad de ejercer su derecho están inscritos; y el estadounidense en promedio es apático, muy rara vez se moviliza a votar, a menos que tenga motivaciones muy puntuales.

En promedio, en las elecciones de los EE.UU, por lo general, vota el 50% de los inscritos (si hablamos de elecciones presidenciales), si son elecciones para elegir al Congreso de los EE.UU, la participación es aún menor (entre un 33% y un 40% votan en este caso solamente), por lo que es muy posible que un presidente pueda ser electo por apenas un porcentaje minoritario de electores (si tomamos en cuenta a todos los inscritos).

En los últimos años, tomando en cuenta los impedimentos prácticos de los días de votaciones, en muchos Estados de la Unión se han aprobado legislaciones para permitir el voto por correo y el voto adelantado (en donde por ejemplo una persona que entre semana no tiene tiempo para ir a un centro electoral a ejercer su derecho y/o registrarse como votante, puede ejercer su derecho en fin de semana o en un día distinto previo a la elección, sin riesgo de alterar su rutina habitual), en muchos estados estos votos pueden ser decisivos para que un candidato gane en esa circunscripción y obtener los ansiados “electores” que le permitan lograr mayoría en el Colegio Electoral. Estas medidas han ayudado a mejorar sensiblemente, en los últimos años, los porcentajes de participación, sobretodo, en las presidenciales, pues en 1996, sólo votó el 49% de los inscritos, subiendo a 52% (2000), 57% (2004) y logrando en la última presidencial de 2008, una participación “histórica” de 62,7% (porcentaje similar a los conseguidos en las elecciones de la década de 1960, que a su vez eran los más altos en un siglo)

Una democracia con diversidad de consultas.

Usualmente en las elecciones de los EE.UU, no sólo se eligen Presidente, Vicepresidente y Congreso, sino que también hay elecciones simultaneas a nivel estadal y local, así como consultas ciudadanas, sobre propuestas de diversa índole, muestra de lo complejo que puede ser estos comicios.

Este martes no sólo se elige presidente en EEUU.

Cuando los estadounidenses acudan a las urnas a votar estarán llamados a renovar el Congreso, elegir 13 Gobernadores, unos 210 alcaldes y votar 177 referendos en 37 Estados que decidirán asuntos tan importantes como la pena de muerte, la legalidad del matrimonio homosexual, regulación de hipotecas, sistemas de seguros de salud, enmiendas a leyes locales, asuntos migratorios (de jurisdicción estadal), legalización de la marihuana o la muerte digna (eutanasia).

05/Noviembre/2012.

 

 

Comments
One Response to “Opinión: Elecciones en Estados Unidos, Mitos y realidades. ¿La Democracia Perfecta?”
  1. Jonhny Aranguren dice:

    Muy buen artículo

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