“Kibera es un escaparate para las ONG del mundo”

ESPECIAL.

Por Raúl Estañol.*

En mi viaje a Kenia muchas eran las pretensiones iniciales, una de ellas la creación de un comité de coordinación de ONG en kibera, con el apoyo de Unnur, finlandesa residente en Kibera y representante de Care Highway en Nairobi, de Linnete Omollo, keniata representante de la fundación en Nairobi y en Kisumu, de Juda, de Kevin y de otros habitantes de Kibera.

Varias veces se había encomendado la toma de datos de las organizaciones sin ánimo de lucro de Kibera y de la presentación de la propuesta de coordinación de ong’s para maximizar los recursos de cerca de 300 ONG que supuestamente trabajan en apoyo de la sociedad civil que allí reside.

Tras cuantiosos fracasos en la recopilación de datos sobre ONG recordé las palabras de mi amigo Anders, una noche en el nuevo pub-chabola de moda en Kibera: “Kibera es un escaparate para las ONG del mundo”. Nunca una simple frase me había hundido en tan profunda reflexión, mis principios, mis intenciones, mis esfuerzos entraron en una agonizante crisis, provocada por las dudas, por el miedo a mis acciones.

Un proyecto que con tanta fuerza acogimos se veía frenado por una lógica aplastante, el film “El jardinero fiel”, y tantas noticias sobre la miseria de Kibera sólo habían servido de motivo, de excusa para tantas y tantas ong’s que podían recoger fondos de Europa, América y otras latitudes, con la simplicidad de unas fotos. Creedme si os digo que se va a seguir en este proyecto con la misma fuerza, más aún con la rabia de quien no desea engaños.

Debemos de seguir trabajando en Kibera, en esa tierra fangosa donde los únicos que apoyan verdaderamente son la sociedad civil, esos 1.800.000 acampados que todos los días del año comercian con lo poco que tienen, salen a las 6:00 am a la ciudad, más con intenciones que con certezas, ya que marchan en verdaderas marabuntas a la ciudad en busca de un futuro, en busca de un porvenir que repetitivamente se les niega.

Con franqueza no quiero adelantarme, aunque una reflexión es que nunca he visto en kibera ninguna de esas famosas ONG que se publicitan en televisión, ninguna de esas organizaciones que piden dinero, con domiciliaciones anuales por supuesto, en las zonas céntricas de nuestras ciudades, mediante hipotéticos voluntarios jóvenes, los cuales en muchos casos que puedo demostrar son contratados a empresas de trabajo temporal, contratando chicos jóvenes con el perfil de voluntarios; desagradable hipocresía que nos toca vivir en estos tiempos tan amorales. Del viaje hecho, a parte de otros proyectos que si que han evolucionado positivamente, en este del cual os hablo, una esperanza surgió, pero bueno eso es punto y aparte a lo anteriormente dicho.

Mi amigo Kevin nos invitó a mí y a mi mujer Nilza a una divertida tarde de fútbol, por lo apretado de nuestra agenda quedamos con Kevin a las 4 de la tarde en una iglesia, en las entrañas de Kibera. Aunque muchas veces he penetrado en Kibera, la falta de planificación urbanística, las estrechas y fangosas callejuelas, las nuevas chabolas, las antiguas quemadas o tumbadas como perpetua basura; me desconcertaron y desorientaron, hasta tal punto que a las 5 de la tarde hice venir a Kevin a recogernos al carril del tren, a la altura de un colegio deportivo.

Entre risas de Kevin, el cual no entendía mi falta de orientación, nos llevó atajando por siniestros pasadizos y bajadas de barrancos que me recordaban las carreras populares de montaña en las que participo, hacia nuestro destino: un pequeño campo de fútbol; donde él y un amigo suyo habían creado una asociación: Slum Soka Organitation; la cual saca a los niños de Kibera de sus peligrosas calles, de la cola esnifada, de los abusos consentidos; para simplemente entrenar y jugar al fútbol, actividades que complementan con bailes y recitación de poesía, tanto de niños, como de niñas.

Esa es la verdad de un pueblo, su verdadera organización debe de nacer de ellos mismos y para ellos mismos, bien lo sabe Kevin, huérfano de padre y de madre abocado a una vida incierta, donde el día a día marca su porvenir; hace años lo conocí, y me fascinó su mirada dulce y bondadosa hacia los niños, mirada la cual en estos terrenos tan salvajes es imperceptible en casi nadie de la comunidad; aunque eso sí, dicha comunidad acepta Slum Soka Organitation, más aún dicha comunidad apoya Slum Soka Organitation, ya que sus niños, la generación venidera, gracias al esfuerzo de dos humildes huérfanos, no pertenecientes a ninguna ONG europea, simplemente pertenecientes al pueblo, a la sociedad civil; tienen una alegría, una razón para pasar la tarde, ya que esos niños de Kibera cuando salgan de la escuela seguirán con la esperanza de su inocencia, ojala, ojala sigan con la esperanza de su inocencia.

“El verdadero motor que puede transformar la realidad solo se conseguirá tras un desarrollo más humano, más personal”.

FUENTE: http://www.canalsolidario.org

17/Enero/2013.

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