Testimonio: Las patrullas islámicas en el norte de Malí

TESTIMONIO.

Por José Calvente // Testigo en Bamako.

La patrulla islámica sustituyó a la policía estatal tras la huida de las instituciones malienses de las tres regiones del norte ocupadas por los grupos terroristas que hoy hacen la guerra al ejército apoyado por las tropas francesas.

La retirada de las ciudades a la carrera por parte del ejército y del resto de las instituciones del país dejando abandonada a su suerte a la población dejó un vacío potenciado también por el golpe de estado de marzo contra el presidente A.T. Toure que llevó al país al derrumbe. Este contexto de derribo del Estado  provocó la aparición de nuevas instituciones, nuevos alcaldes, nuevos prefectos y una nueva policía, la policía islámica que instauró un régimen de terror basado en la aplicación estricta de la sharia. La guerra se produce entre un gobierno golpista y unos yihadistas fanáticos venidos de todo el mundo, aunque ahora ese tipo de cosas no importen. Ya habrá tiempo de arreglar y reconstruir los restos de un Estado muy desmejorado tras la sucesión de eventos producida desde enero de 2012. En las guerras, a menudo, no se trata de cómo empieza, sino de cómo acaba.

La toma de la ciudad de Diabali ayer tras diez días de dominio yihadista y por la que las tropas francesas caminaban durante la tarde inspeccionando y recogiendo las armas y el material abandonados por los yihadistas, supone el final (por ahora) de la guerra de dos frentes. Los 2.150 soldados franceses ya desplegados en suelo maliense, junto a las tropas de los países de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) que ya han comenzado a llegar tienen, a partir de ahora, el reto de poder sellar las fronteras de Mali haciendo presión hacia el norte contra los grupos yihadistas como era su intención inicial.

El reinado de Aliou Touré

Gao era una ciudad de más de setenta mil habitantes, no muy lejana a la frontera con Níger. Hoy no quedan más de la mitad por el éxodo masivo provocado por la entrada de las milicias yihadistas. Las tropas francesas todavía están lejos, aunque la campaña de bombardeos aéreos ha debilitado enormemente la posición de las fuerzas rebeldes, obligándolos a huir del núcleo urbano. En la ciudad durante todos estos meses, la población que prefirió quedarse al exilio ha visto saqueados los bancos y reducidos los artículos disponibles en el mercado, al mismo tiempo que sus hábitos han sido apuntalados y reformados con la potencia de una cincha reductora implacable que ha ajustado hasta el límite de lo soportable la libertad humana. La policía islámica patrullaba frecuentemente las calles, revisando la indumentaria de las mujeres, manteniendo el control sobre ciertas prácticas como fumar o escuchar música y aplicando estrictas normas sobre las relaciones de pareja. Los soldados que formaban parte de esta policía hacían guardia a la entrada de los hospitales y negaban el paso a las mujeres que no llevaran el velo puesto.

En la policía islamista de Gao se podía encontrar a gente de muchas nacionalidades, lo que provocaba la ira soterrada de los locales, vejados por el arbitrio de gente como Abdou de Costa de Marfil, Amadou de Níger o El Hadj de Senegal, en esta especie de internacional de la fe. Estos movimientos radicales han logrado aglutinar dentro de una corriente global extendida por gran parte del mundo musulmán, el descontento sobre la acción occidental, vestida a menudo con tintes neocoloniales en África,  y promueven un peligroso efecto de mancha de aceite basado en estos pecados y en una propaganda efectista.

Las gafas de sol tapan la cara de Aly, luchando por ocultarla aun más con su barba rala y larga. Aly cuenta que antes de la “liberación” de las provincias del norte, pertenecía a la secta islamista Boko Haram (“La educación occidental es pecado”), que ha dejado más de 500 muertos en el norte de Nigeria solo en 2012. Habla de Mali como de una tierra prometida y afronta la batalla contra los infieles franceses dispuesto a morir si así lo marca  la voluntad de Dios. Bienvenido a casa de los musulmanes, parece decir obviando que luchan contra un país donde más del noventa por ciento de sus habitantes profesa la fe de Ala, aunque de una forma algo más pacífica.

Aliou Touré es el jefe de la policía islámica de Gao y aparece de repente. Tiene barba espesa, la piel no tan clara y estatura elevada. Touré  supone, en realidad, uno de los pocos milicianos oriundos de Gao que forma parte de la policía islámica. Aliou Touré fue colocado por Mujao como  gobernador de Gao para dirigir la nueva policía de defensa de la fe tras la conquista de las regiones del norte de Mali. Antes de la llegada de los islamistas a la ciudad era un vendedor de cuero y pieles próspero y respetado, con la barba algo más corta y sin vínculos aparentes con la yihad.

Durante sus primeras semanas de reinado se sintió cada vez más poderoso y empezó a dejar la huella de su trazo salvaje y autoritario. Como el actor que se mete en un papel que acaba por devorar al ser, Aliou comenzó a dejarse llevar por los delirios de una lucha entre la ensoñación fanática y la realidad polvorienta y poco agradecida del Sahel y comenzó a aplicar salvajes castigos a conocidos y antiguos clientes de la tienda de cueros. Además, el guion exigía cada vez mas escenas de terror demencial en una puesta en escena que se fue apoderando de las tres regiones arrancadas al control de Bamako, dejando tras de sí un halo de muerte y dolor, amputaciones salvajes y miedo que facilitaba la tarea de control de la población.

Poco a poco, en un juego estratégico previo a la intervención francesa, los tuaregs del MNLA,  únicos detentores de cierta legitimidad histórica en este desorden de grupos combatientes, fueron apartados y barridos por las tres facciones radicales y huyeron de la ciudad de Gao que dominaban desde el levantamiento contra Bamako en enero del año pasado. El MNLA controlaba Gao, mientras AQMI lo hacía en Tombuctú  y Ansar Dine la región de Kidal en este feudalismo macabro, antes de que las facciones radicales comenzaran a eliminar a los miembros del MNLA, en una cacería implacable que fue reduciendo barrio a barrio el control de los tuaregs en la ciudad. El MNLA acabó perdiendo el control de Gao y Aliou fue colocado por Mujao al frente de la policía islámica.

Mujao, movimiento escindido de AQMI y verdadera selección internacional de yihadistas, sacó al MNLA de la ciudad a golpe de  armamento pesado en una batalla final a principios de diciembre que dejó más de cincuenta muertos entre ambos bandos rebeldes  y ofreció definitivamente una nueva relación de fuerzas. Desde entonces, el Movimiento Nacional de Liberación de la Azawad ha buscado distanciarse de este movimiento radical que lucha ahora contra el ejército francomaliense, esperando en la sombra una nueva oportunidad para defender sus reivindicaciones. En Bamako se acusa a los tuaregs de esperar con las  manos abiertas solo ayudas de la capital mientras se dedican al pillaje y al contrabando, de no contribuir a la convivencia conjunta pese a que ocupan cargos en la Asamblea Nacional y ostentan algunos privilegios. Los vecinos de Bamako los acusan igualmente de esperar cualquier debilidad del estado para rebelarse contra él, en un juego infinito de oportunismo. Pero este es un tema complejo sobre el que se podría discutir en otra ocasión.

Mujao acudió a Gao con mercenarios llegados de todo el mundo, la mayoría de ellos paquistaníes, para  realizar la lucha al ejército maliense. Aliou en su mandato de defensa de la ortodoxia religiosa mandó acabar con un locutor de radio que había protestado contra la amputación realizada a  ladrones en la ciudad. El locutor fue hallado al borde de la muerte tirado en un camino, abandonado por sus torturadores cuando creyeron que había muerto. Su trayectoria forjada con puño de hierro, dejó un poso amargo y numerosos episodios que potenciaron el deseo de venganza entre los habitantes de Gao. Se cuenta que le quitó la mujer a un campesino para dársela como esposa a un combatiente yihadista que había coqueteado con ella, alegando que el campesino no era capaz de ocuparse de ella como un buen musulmán. Las reminiscencias feudales no solo se encontraban en un poder que desdeñaba todo avance y lo rechazaba como algo malévolo creado por occidente para eliminar la verdadera fe, en una apuesta que condenaba a sus habitantes a vivir en el pasado, sino que también impulsaba una versión de la justicia dominada por los caprichos de los salvajes jefes locales.

Sin embargo, en los documentales de historia a menudo vemos como este tipo de gente cae en desgracia. Y siempre fascina a los rincones más morbosos del espíritu humano ver la violencia sufrida en la piel del que otrora fuera el personaje más poderoso de un lugar, el sadismo del hombre común que se nutre de la aplicación de la violencia sobre quien  tanto la ha disfrutado. La violencia y el poder sobre la vida de los demás nos reducen a perros rabiosos y la condición humana parece no encontrar límite en la producción de nuevos episodios de horror inolvidables.

Finalmente, el jefe de la policía islámica de Gao empezó a sentir el miedo. Notaba que todo no era como antes, cada vez estaba menos presente en las decisiones de la cúpula de Mujao, apenas contaban con él y empezó a observar alarmado que se producían reuniones en las instalaciones de la policía a las que no se le invitaba. Aliou se dio cuenta de que había perdido el apoyo de la  mayoría de pakistaníes que controla Mujao. Suele pasar. Las traiciones, las envidias. El atractivo del poder hace que caminar sobre el filo de la navaja resulte muy complicado.  Y debajo no suele haber nadie para recogernos cuando tropezamos.

Alguien que conoce bien los métodos de Mujao sabía que ya no había marcha atrás. El comerciante intuyó entonces que lo mejor era fugarse. Tras dos intentos sin éxito, fue detenido a bordo de una piragua en el rio Níger, oculto entre mercancías que salían rio abajo hacia Niamey.  La policía islámica, de la que fue líder,  lo llevó a un campo de concentración cerca del aeropuerto de Gao y preparó su versión a los vecinos para justificar la desaparición. Comunicó a todo el mundo que el comerciante había partido para realizar una valiosa misión de la que dependía el futuro de la hermosa causa del Profeta. “Y puede que no regrese vivo”, añadió. 

29/Enero/2013. – 10:24hrs 

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