LOLY GARCÍA: «La Felicidad como Sujeto Pasivo»

OPINA UNA VENEZOLANA.

Por Loly García.

Sobre la felicidad, creo, ya todo está escrito. Ni siquiera estoy segura de si escribir sobre felicidad vale la pena. Es materia vista para muchos, para todos. Es un hecho de vida, es el por qué y para qué respiramos. Creemos en la felicidad aunque no la disfrutemos. La felicidad es alcanzable solo que yo, por ahora, no la conozco.

Como todo plan de desarrollo, como todo proyecto, como cualquier programa, la felicidad se asume como una meta pero jamás se entiende que los objetivos no necesariamente nos llevan a ella. Incluso, pensamos en la felicidad como un objeto al final del túnel, un jarrón chino, coleccionable, mostrable, orgullosamente exhibido en una medalla de esas que se prenden en la solapa. Soy feliz, ergo sonrío. Sonrío, ergo ¿Soy feliz?

Mirando unas fotos tomadas a tribus etíopes, esas almas fotografiadas sin consentimiento pero que uno agradece para entender el espacio infinito que nos separa de la pureza de alma, me vuelvo a preguntar mirando aquellos rostros: ¿Se puede ser feliz? ,  ¿Puedo ser feliz sin zapatos Adidas? ¿Puedo ser feliz sin agua potable?, sin BB, sin tablet, sin wifi, sin luz eléctrica, sin letrinas, sin papel higiénico, sin jabón, sin un título universitario colgado en la pared, sin, sin, sin, con tantos sin… ¿Puedo?

La ONU parece haber inventado un nuevo deporte mundial: Decretar el Día Internacional del Día Internacional. No ridiculizo, al contrario, lo celebro, buena manera de recordarnos cada día (porque cada día la ONU festeja o conmemora algo) que no estamos en este planeta solo para consumir, regurgitar, vomitar desperdicios, escuchar a Arjona, o cambiarnos los implantes. La ONU ha decretado el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, es decir, ayer debimos recordar nuestra razón de ser. Ayer no pude escribir sobre el tema porque, honestamente, yo no estoy tan segura de saber de qué  trata la felicidad, tuve que rumiar mucho, tomar coraje y sentarme a escribir sobre algo que, estoy segura, no es un concepto igual para todos. Disculpen, me retracto, el deseo de ser feliz es común a todos, lo que nos diferencia es la manera de alcanzarla.

A mí me encantaría sentir la misma felicidad que siente  Carrie cada vez que gasta 1.500 dólares en un par de Louboutin. Se ve tan sencillo, subirse a 10 centímetros de suela roja y ya se te desgrana el pecho. Esa imagen del desposeído de zapatos  es desventaja cruel para quién ha hecho sus zapatos con  dos botellas plásticas de Coca-cola. Aún así, quiero sentir esa felicidad, tan inmediata.

Como en todo, la humanidad ha evolucionado (por decir algo…) hasta en eso de inventarse la felicidad. Ejemplos sobran, sin embargo, en el fondo, el maestro  Jung (e inclusive Freud) nos hizo entender que no se trata de una fórmula de leche infantil, no es cambiar la teta de la madre por una mamila áspera de goma. Es eso, es esa simbología maravillosa de la teta y la mirada de un niño que agradece con los ojos. Una madre y su hijo se miran en ese acto intrínseco a la humanidad, ese acto de todos los tiempos, desde la Eva imaginaria, desde Rómulo y Remo, desde las cuevas de Altamira.

Cada vez que leo una noticia acerca del suicidio de un millonario me hago la misma pregunta: ¿Cómo es posible? ¿No era feliz?, como Hemingway y su nieta, esas vidas que se fueron detrás de un rifle disparados contra sí mismos, dejando atrás la gloria y una vida hecha a su antojo.

No tengo la suficiente valentía como para vivir sin electricidad, sin wifi, sin seguro médico, sin laptop, sin mi cuenta de ahorros, sin mi tarjeta de crédito, sin leer la prensa, sin vino blanco, sin mi empleo de 8 a 5, sin mi vehículo sedán, sin embargo, sé, y me da vergüenza confesarlo, que para otros, tener un simple pozo de agua potable…puede resumir la felicidad.

Por la felicidad de las niñas sometidas a la ablación. Que cese la brutalidad

Por el derecho a tener acceso a la educación sin ideologías políticas.

Por el derecho de los cristianos a vivir en medio de los musulmanes.

Por el derecho de los musulmanes a vivir en medio de los judíos.

Por el derecho de los judíos a vivir entre todos.

Por el derecho del Tibet a la libertad.

Por el derecho al agua potable.

Por una infancia ajena a la esclavitud.

Por el derecho de las mujeres a no ser prostituidas.

Por la felicidad de tomar decisiones en libertad.

Por el derecho a creer o a no creer.

Por la felicidad de andar descalzo…

21/Marzo/2013. – 10:49 hrs. 

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