El Gobierno egipcio presenta su dimisión

ÁFRICA.

EL MUNDO // Francisco Carrión.

Primer movimiento tras el ultimátum del ejército egipcio, ayer, de 48 horas: el Gobierno ha presentado su dimisión al presidente Mohamed Mursi, que no se ha pronunciado aún sobre la petición.

El órdago del ejército, concediendo 48 horas a las fuerzas políticas para cumplir el clamor popular, instaló ayer durante horas a los islamistas en el silencio y el pasmo. Cuando pasada la medianoche hablaron, su voz sonó desafiante. Instaron a sus acólitos a tomar las calles para impedir cualquier “intento de golpe de estado”. El ultimátum ni siquiera concitó unanimidad en las deshilachadas filas opositoras acentuando la incertidumbre que reina en el país más poblado del mundo árabe.

‘No aceptaremos un golpe de Estado’

“No aceptaremos un golpe a la legitimidad del presidente. Por encima de nuestros cadáveres”, manifestó anoche el destacado miembro de los Hermanos Musulmanes, Mohamed el Beltagui, a la multitud que desde el pasado viernes acampa en los aledaños de una mezquita cairota de Medinat Naser. Ya en la madrugada, la Presidencia censuró el comunicado de las fuerzas armadas recelando de las connotaciones de algunas frases “que pueden causar confusión”. La nota confirmó que el sucesor de Hosni Mubarak no había sido informado previamente del paso al frente del ejército.

Como era de esperar, el comunicado cayó como un jarro de agua fría en palacio. El pasado miércoles, en su último discurso a la nación, el presidente Mursi quiso callar las especulaciones acerca del ruido de sables y se vanaglorió de ser el comandante en jefe de las fuerzas armadas. Ayer, la salida a la palestra de los uniformados hizo saltar por los aires su fanfarronería. “Los Hermanos Musulmanes subestimaron a la oposición y la posibilidad de que el ejército interviniera para devolver al país a la casilla de salida”, apunta a ELMUNDO.es el analista egipcio Jalil al Anani, experto en la Hermandad.

Uno de los escenarios, el más extremo, llevaría al fiasco argelino.“Los islamistas podrían entenderlo como un golpe contra un presidente elegido democráticamente. Puede conducir a una confrontación sangrienta entre algunos islamistas y los militares como sucedió en Argelia durante la década de 1990″, agrega el politólogo. Ayer, la Hermandad -que reunió de urgencia a su buró- rompió el silencio bajo el paraguas de sus aliados salafistas (rigoristas musulmanes). En una rueda de prensa, la coalición de partidos islamistas alentó las manifestaciones y rechazó “cualquier tentativa de enfrentar al ejército contra la legitimidad democrática”.

No fueron, sin embargo, miembros de la Hermandad los que tomaron la palabra en la conferencia de prensa. La voz cantante la llevó Al Gama al Islamiya, la ex organización terrorista que renunció a las armas en 1999 y se ha convertido en el principal socio del presidente y su grupo. Otro aliado clave se pasó anoche definitivamente al bando opositor: el partido salafista Al Nur pidió la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas.

Pero el presidente no está dispuesto a que las protestas callejeras, que considera una “contrarrevolución” urdida por los nostálgicos de Mubarak con el beneplácito de la oposición liberal e izquierdista, modifiquen su hoja de ruta ni les arrebaten su sillón. Mursi cree además que él es el único legitimado para sacar -sin ayuda de los militares- al país del atolladero. De hecho, su oficina insiste en que el “rais” sigue con la mano tendida para entablar un diálogo y reconciliarse con sus detractores dentro del marco constitucional. El ultimátum del ejército, consideran, “sólo sirve para profundizar la división”. A su juicio, la llamada anoche de Barack Obama a Mursi es una prueba de esa autoridad indiscutible.

Opositores divididos

Y ¿al otro lado? La oposición egipcia es una amalgama que mezcla tan mal como el aceite y el agua. Ayer no se pusieron de acuerdo sobre el paso al frente de los militares, lo que dificulta cualquier diálogo en el estrecho plazo de 48 horas. Y, además, siguen en sus trece de que la única opción es que Mursi haga las maletas y se marche. “No hay presidencia con la que negociar”,llegó a decir anoche el destacado miembro de un partido opositor. Uno de los escenarios de consenso, con la formación de un gobierno de unidad nacional que revitalice un gabinete herido por la dimisión de seis ministros tecnócratas en las últimas horas, parece condenado de partida al fracaso.

Poco después de la difusión del comunicado, miles de almas celebraron en la plaza Tahrir el regreso del ejército, cuyos helicópteros -en un ataque de patriotismo- lanzaron una lluvia de enseñas egipcias. La campaña opositora ‘Tamarrud’ (Rebelión, en árabe), que asegura haber reunido 22 millones de firmas exigiendo la marcha de Mursi y la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas, festejó el regreso. “Le está diciendo a Mursi que se marche”, opinó el portavoz de la iniciativa Mahmud Badr.

El Frente de Salvación Nacional, la principal alianza opositora, aceptó participar en el diálogo pero interpretó el paso como un apoyo a sus consignas. Las protestas, en cualquier caso, no conocen tregua. Uno de los principales rostros del bloque, el ex secretario general de la Liga Árabe Amro Musa lo calificó de “una oportunidad histórica que no debería ser desperdiciada”.Entre los sectores opositores más entusiastas con el ejército, aquellos vinculados al régimen de Mubarak, reinaban las ganas de venganza contra unos barbudos hacia los que sienten alergia. “Yo creo que este régimen acabará completamente en una semana”, declaró a Reuters Ahmed Shafik, el ex primer ministro de Mubarak que se enfrentó a Mursi en la segunda vuelta de los comicios del pasado año.

Entre los revolucionarios, activistas de derechos humanos y los grupos izquierdistas, el comunicado del ejército causó pavor. Rechazan su regreso. “Estamos totalmente en contra. Apoyamos el papel del ejército como protector de nuestras fronteras, nuestro pueblo y nuestra seguridad nacional pero no queremos que regrese un régimen militar o imponga una hoja de ruta”, declaró al diario estatal Al Ahram Ingi Hamdi, líder del movimiento juvenil 6 de abril. Están demasiado recientes los 16 meses que sucedieron a la salida de Mubarak bajo la desastrosa tutelar castrense. Un rosario de denuncias de infames torturas como las pruebas de virginidad a manifestantes o los más de 15.000 civiles juzgados en tribunales castrenses lo atestiguan.

02/Julio/2013. – 09:32 hrs.

Cortesía.

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