Tomás Lander, El pasado presente

OPINIÓN.

Por: Rómulo Lander Hoffmann.

Poco se ha escrito posteriormente a 1894 sobre Tomás Lander, conspicuo personaje sinónimo de la libertad y altísima expresión de resistencia a la arbitrariedad de los poderosos y especialmente la de los representantes del estado, (aún presente en nuestra actualidad expresada de múltiples formas) a quienes anteponía la tesis y por supuesto, la actitud propia, de que las leyes y el respeto a éstas siempre debe ser considerado superior a los individuos tuvieran éstos el rango y la posición que fuere.

Fue ésta una constante en su vida que le valió el bien merecido título de Patriarca del liberalismo venezolano, representado circunstancialmente por Antonio Leocadio Guzmán. Esto, y sus años de servicio al lado del Libertador aunado a su incansable espíritu de lucha y de defensa de la igualdad ciudadana, le hizo ganar el honroso título de Ciudadano Eminente, con derecho a descansar para siempre al lado de nuestros próceres en el Panteón Nacional a la mano derecha de nuestro Libertador, su gran héroe, aún habiéndolo adversado en el campo de las ideas después de 1826.

Son muchas las campañas que emprendería Tomás Lander combatiendo arbitrariedades e injusticias, manteniéndose siempre fiel a su principio de censurar hasta igualar y de respetar a los que cayeran en desgracia.

Entre ellas podemos destacar la campaña en que aboga por la separación de Venezuela de la Gran Colombia, la cual por cierto, le llevará a enfrentarse en el campo de las ideas, con la política del Libertador. Para quien guardaba un profundo respeto y con quien tuvo la gloria de servir en su cuerpo de secretaría durante los años de la Guerra a Muerte.

Aun así, se enfrentó al Libertador confrontando ideas, sin subterfugios ni vericuetos, lo que lleva a Bolívar a reconocer la honesta y gallarda actitud de Lander.

Otra de las piezas claves de su vida republicana y liberal es la actitud que asume en 1835, cuando no vacila en censurar a los “Reformistas” y no obstante un año después, ya vencidos los “Revolucionarios”, dirige al presidente Vargas la muy conocida carta en la que aboga por la tolerancia y el perdón, y donde solicita clemencia para los vencidos como vía de reconciliación y reafirmación de la República.

Esto nos indica que en ningún momento se acerca Lander al terreno, para él vedado, de la conspiración. Era un auténtico Ciudadano Republicano que a través de la prensa fue forjando el ideario del Liberalismo Venezolano. 

Lander a lo largo de su corta existencia (1792-1845) fue promotor, redactor, editor y colaborador de los más importantes medios de comunicación escrita de la República. Figurando entre ellos: El Venezolano, El Fanal y Venezuela y el Congreso, organismo este último que se editaba con dinero de su propio peculio, es decir; de las dietas que cobraba en el Congreso en su condición de Diputado, ya que El Congreso se negaba a gastar dinero en la publicación de las actuaciones y contenido de las discusiones de sus sesiones.

Publicó numerosos folletos y ensayos todos de afirmación Republicana y Liberal, entre ellos: Un Varguista y Sobre Amnistía (El Venezolano, 1841), El Manual del Colombiano (1825), Reflexiones sobre el poder vitalicio que establece en su Presidente la Constitución de la República de Bolivia (1826) – punto importante de su controversia con el Libertador- y los catorce Fragmentos que escribió entre 1833 y 1838.

Quiero comenzar con éste una serie de artículos que ayude a conocer la obra de este gran ciudadano y aportar con ello un grano de arena para el rescate de nuestra patria tan maltratada en estos tiempos. Quisiera que el lector estableciera comparaciones con las situaciones que les iré reseñando respecto a nuestra realidad actual, en la esperanza de inspirar un poco de orgullo nacionalista y de espíritu de nación que tanto necesitamos. 

El siguiente párrafo es un fragmento de un artículo editorial, publicado por Tomás Lander en el diario El Venezolano en 1822:

La libertad, ha sido por cerca de doce años el objeto de nuestros afanes. Libertad e Independencia ha sido nuestra divisa, porque la Libertad no puede existir sin la Independencia, aunque bien podemos ser independientes sin ser libres.

Mil combates gloriosos, sacrificios sin número de nuestra parte, crueldades inauditas por parte de nuestros enemigos nos han puesto en posesión de nuestros derechos; somos en fin, independientes, porque la independencia es el fruto de la fuerza y el valor.

Si las mismas causas que producen la independencia de los pueblos produjeran también su libertad, podríamos gloriarnos de ser independientes y libres. Más, por desgracia, la libertad civil no la dan las victorias, ni estriba en las constituciones y reglamentos, sino en el carácter de los hombres, en sus virtudes, en sus costumbres, en su ilustración; “la Libertad está en los espíritus y no en los escritos”. Es pues, un delirio político querer hacerla depender de un cuaderno en el que señala a los hombres la extensión de sus derechos y deberes.

Un pueblo como el nuestro, nacido, educado y envejecido en la tiranía, -sea esta autocrática o de partidos, subrayado mío- no puede pasar repentinamente al goce de la Libertad porque es preciso conocerla para poder apreciarla y defenderla. El hábito de la servidumbre -mismo que estamos inculcando día a día con la dádiva social, subrayado mío- hace a los hombres indiferentes a su suerte hasta el punto vergonzoso, de considerar como una penosa tarea el velar sobre sus derechos. Así es, que la Tiranía disfrazada con traje de Libertad, bajo las formas más halagüeñas y seductoras, pasa de unas manos a otras sin que cambie por eso la situación humillante de los pueblos.

El vicio no está, Sin embargo, en los que mandan, sino en los que obedecen; porque la tendencia natural de los gobiernos es el exceso de poder. Pero la resistencia a ello, está en la razón de sus virtudes y de sus luces, no en sus fuerzas físicas.

Las voces República y Libertad han llegado a ser sinónimas entre de nosotros a fuerza de pronunciarlas juntas. Estas dos ideas están tan asociadas en nuestro entendimiento como las de Libertad e Independencia de que hemos hablado, son, sin embargo, cosas muy distintas; porque las Repúblicas pueden ser despóticas o libres del mismo modo que las Monarquías. Una confusión de ideas sobres estas materias no puede producir sino males.

Bajo todas las formas de gobierno se puede gozar de Libertad y bajo todas se puede sufrir la Tiranía, así, es preciso que no nos deslumbre la palabra República; reza un principio establecido por los primeros legisladores del mundo: Que no todas las buenas constituciones son aparentes para todos los pueblos.

También bajo todas las formas de gobierno se puede gozar de libertad y comodidades, siempre que la constitución sea conforme con el genio de las gentes y combine los escollos de la Libertad con los peligros de Despotismo. Basta un ejemplo: Los Norteamericanos han sido libres bajo el gobierno Republicano y bajo el mismo han sido esclavos los Venecianos, los Genoveses y los Florentinos.

La forma de gobierno por sí sola, repetimos, no constituye la Libertad, sino el grado de virtud e ilustración de los individuos que forman la sociedad y la combinación feliz que establece la constitución entre los diferentes ramos de la administración. Cada pueblo tiene aquel gobierno que es compatible con su ilustración y su carácter, con su energía y sus costumbres.

Los Americanos todos preferimos decididamente la forma republicana. Los que son esclavos no tienen que quejarse de sus tiranos sino de su propia ignorancia, de su debilidad y de sus vicios.

Hay principios fundamentales que convienen a toda constitución libre ya sea monárquica o republicana y que si no se practican es inútil pensar en Libertad Civil; tales son las siguientes:

  1. Que los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén separados e independientes entre sí.
  2. Que los Ministros sean responsables a la Nación y no a la persona que ejerza el poder.
  3. Que los Jueces sean vitalicios y no puedan ser removidos, para que no teniendo que esperar ni que temer del gobierno, administren justicia con rectitud.
  4. Que los Juicios sean público y con jurado. (año 1822)
  5. Que la Imprenta sea libre para que censure y aplauda con imparcialidad tanto a magistrados como a ciudadanos.
  6. Que ningún ciudadano pueda ser arrestado Sin que se le haga saber la causa de su prisión y se le juzgue dentro del término señalado por la ley.

Un gobierno cuyas verdaderas bases sean éstas, sea cual fuere el nombre que lleve, será un Gobierno Libre. El que no esté fundado en estos principios será despótico y arbitrario, aunque veamos escritas las palabras República y Libertad en la constitución, en las leyes, en las calles y en las plazas públicas.

Nosotros empezaremos a ser libres cuando estemos instruidos en nuestros deberes y nuestros derechos; para instruirnos necesitamos saber leer y después adquirir gusto por la lectura, debemos pues poner énfasis en las escuelas en toda la extensión de la república. Escuelas limpias y dotadas, con buenos maestros, formar el espíritu público dando una educación moral y patriótica a nuestra juventud. Cuando hayamos vencido estos inconvenientes podremos lisonjearnos que estamos en aptitud de ser libres. Mientras tanto, viviremos en aquella condición lamentable de la servidumbre, que sufre a la sombra de las constituciones cuyos principios son libres en teoría y tiránicos en la práctica.

Si convenimos pues que la piedra fundamental del templo de la Libertad es la educación y que sin ella el edificio de la República está sobre arenas y no podrá sostenerse, ¿que razón podrá darse por no haber diseminado aquella enseñanza en todo el territorio? ¿No autoriza la ley sobre escuelas al Poder Ejecutivo para que las mande a establecer en todas las ciudades del territorio? Ya oigo al Congreso preguntando a los encargados de la ejecución de las leyes: ¿Qué habéis hecho para cumplir éstas?.

Seguramente no podrán contestar que han carecido de medios para llevarla a cabo, pues con la mitad de lo que se ha consumido en fiestas, bailes, iluminaciones y salvas que sólo han servido para insultar a la miseria pública, podría haberse hecho venir a algunos maestros de Europa con todos los útiles que se necesitan para realizar tan útil proyecto. [Énfasis añadido]

Cualquier parecido con nuestra actual realidad, suplico lo disculpen. Pero recuerden, esto fue escrito en el año 1822.

Amanecerá y veremos. 
Romulo E. Lander Hoffmann.

13 Julio de 2013. – 09:53 hrs.

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