Las víctimas de la matanza de Denver

EEUU.

(FJ SAGOSTINI – EFE)

Denver.- La policía había tardado menos de dos minutos en llegar al cine Century 16, donde se proyectaba Batman. La comisaría de Aurora estaba a solo cuatro manzanas, y algunos espectadores habían llamado al número de urgencias desde dentro de la propia sala. Algunos agentes rodearon el edificio, y junto a un coche blanco vieron a un joven quitándose un casco y desajustándose un chaleco. Pensaron que era uno de ellos, hasta que dijo una críptica frase: —Soy el Joker.

Horas después, la noticia de la muerte de 12 personas y el saldo de decenas de heridos durante el estreno de la última película de Batman en los Estados Unidos, le daba la vuelta al mundo. Un asesino, James Holmes, 12 inocentes.

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Veronica Moser-Sullivan. 6 años. Acudió al cine con su madre, de 25 años, que quedó herida grave. Hace dos meses había muerto su abuelo materno, con el que vivían ambas. Sin recursos, se habían mudado a casa de un tío de la madre. La madre se había matriculado en una clase de enfermería para sacar a su hija adelante.

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Alexander J. Boik. 18 años. Iba a estudiar en el Colegio de Arte y Diseño Rocky Mountain en el próximo semestre. Le gustaba la cerámica, y quería ganarse la vida con ella. Se hallaba en el cine junto a su novia, con la que tenía planeado casarse. Su primo también acudió a ver la película, y quedó herido de gravedad.

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Micayla Medek. 23 años. Trabajaba en un restaurante de comida rápida. En su página de Facebook se definía como «una chica simple e independiente». Sus familiares estuvieron 20 horas sin confirmación por parte de las autoridades de que su hija había fallecido. Acudieron a todos los hospitales de la zona, enseñando fotos.

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Jessica Ghawi. 24 años. Periodista deportiva que se abría camino en el mundo de la televisión. En junio escapó ya a un tiroteo en Canadá. Acudió al cine con un amigo. Estuvo enviando mensajes en la red social de Twitter desde dentro de la misma sala, hasta que comenzó la proyección. El tirador le disparó a la cabeza.

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Alexander Teves. 24 años. Se había graduado en orientación psicopedagógica y quería ser psiquiatra. Para su novia, Amanda Lindgren, fue un héroe. Cuando el tirador comenzó a disparar, se abalanzó sobre ella, y la protegió con su cuerpo, evitando su muerte, pero falleciendo él mismo en ese último acto de sacrificio.

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Jonathan T. Blunk. 26 años. Veterano de la Marina de EE UU, su sueño era volver a filas y acabar en el equipo de élite de los Navy SEALS. Entrenado para mantener la calma en combate, protegió con su cuerpo a su amiga, Jansen Young, y le salvó la vida por ello. Estaba separado, y era padre de dos hijos, de cuatro y dos años.

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Alex Sullivan. 27 años. Había acudido al cine en una doble celebración: su cumpleaños y su primer aniversario de boda. Era un apasionado del cine y, según su familia, había trabajado ocasionalmente en alguna sala para poder conseguir entradas de forma gratuita.

 

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Matthew McQuinn. 27 años. Empleado en un centro comercial de Denver, acudió al cine con su novia y con el hermano de esta. Se abalanzó sobre ellos para protegerles en cuanto James Holmes comenzó a disparar dentro del cine. Era de Ohio y se había mudado con su novia a Colorado el pasado otoño.

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John Larimer. 27 años. Soldado en activo desde hacía un año, estaba destinado a la Base de la Fuerza Aérea Buckley, donde se dedicaba a técnicas de descodificación de mensajes. Natural de Chicago, era el menor de cinco hermanos.

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Jesse E. Childress. 29 años. Había acudido junto a otra víctima, John Larimer, al estreno de la película. Era operador de sistemas informáticos en la base de la Fuerza Aérea de Buckley, en la localidad de Aurora. Sus compañeros de filas le definían como un apasionado de los bolos.

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.Rebecca Wingo. 32 años. Madre soltera de dos niñas, de nueve y cinco años, era una apasionada de los idiomas. A los 20 había aprendido mandarín y trabajaba como traductora para la Fuerza Aérea, en una base de Hawaii. Recientemente había cambiado de empresa y anhelaba convertirse en trabajadora social.

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Gordon Cowden. 51 años. Natural de Tejas, trabajaba en el sector inmobiliario y tenía cuatro hijos, con dos de los cuales acudió al cine. En su servicio funerario, estos dos recordaron las últimas palabras de su padre: “Os quiero. Os quiero a los dos”. Los hijos resultaron ilesos.

Esta Información fue publicada inicialmente en http://www.elPaís.com

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