Testimonio: Marie Colvin, la cronista del horror.

SIRIA.-

El Texto a continuación es una cita textual.

Vi morir un bebé hoy» ‘Absolutamente horroroso»»Aquí sólo hay bombas, cohetes y el fuego de tanques sobre áreas civiles de esta ciudad de modo implacable «‘Cráteres. Casas quemadas. Cuerpos mutilados. Mujeres que lloran por niños y maridos. Los hombres por sus mujeres, madres, niños ‘Nuestra misión debe ser relatar estos horrores de la guerra con exactitud y sin prejuicio. ‘Siempre tenemos que preguntarnos si el nivel de riesgo merece la historia. ¿Qué es valentía, y qué es alarde?» Marie Colvin, reportera asesinada en Siria.

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Era fácil reconocer a Marie Colvin, su figura delgada, el parche negro que tapaba su ojo izquierdo, su cabello rubio recogido en una coleta. Fue una de las corresponsales de guerra que cubrió la toma de Trípoli por las fuerzas rebeldes en agosto pasado.

Como ejemplifica la carrera profesional de Colvin, el reporterismo con nombre de mujer no es nada nuevo. Pero la guerra de Libia sirvió para que se reconociera la labor de periodistas como ella. Porque siempre son los hombres los que se llevan los honores.

Llevaba más de 20 años en la profesión y había sido reconocida con prestigiosos premios internacionales. Corresponsal del ‘Sunday Times’, había cubierto la mayoría de los conflictos de Oriente Próximo y también trabajó en Timor Oriental, Chechenia, Kosovo y Sri Lanka. Fue en la guerra civil de este país donde, en 2001, perdió su ojo izquierdo al ser herida con metralla durante una emboscada. Desde entonces, llevaba su característico parche que la distinguía como una corsaria de la información. «Vale la pena», aseguró tras perder su ojo.

Esa era su filosofía. Tenía una fe ciega en que la humanidad valoraba su trabajo. «Nuestra misión es informar sobre el horror de la guerra con precisión y sin prejuicios», afirmaría en un homenaje a los periodistas muertos en los conflictos armados. Decía que pese al peligro, seguía cubriendo las guerras porque la opinión pública tenía «el derecho a saber lo que nuestros gobiernos, nuestras fuerzas armadas, hacen en nuestro nombre».

 Colvin estuvo casada con Juan Carlos Gumucio, corresponsal de ‘El Pais’ en Beirut durante la guerra civil libanesa y que se suicidó en Bolivia en febrero de 2002 «porque el mundo ya no le parecía un lugar amable, agradable o digno», contó su amigo, el veterano reportero Robert Fisk.

Con Información de la BBC Mundo

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