Opinión. Paciente psiquiátrico: Caracas – Venezuela

OPINIÓN.

Por Daniel Gómez Manrique.

El día a día del Caraqueño desde el punto de vista emocional en los últimos 20 años ha cambiado tan drásticamente que simplemente las nuevas generaciones no conocen otro tipo de comportamiento ciudadano más que el que se lleva a cabo mediante la segregación nacional de bilis en cada uno de los que formamos parte de esta sociedad. A groso modo hablaremos de un día normal, que empieza con las descargas viscerales que lleva el simple hecho de conducir un vehículo de cualquier tipo, véase:  familiares, deportivos, furgonetas, camionetas, autobuses y por supuesto, las motocicletas. Este análisis está enfocado simplemente en lo que vive un ciudadano promedio al día, se ha creado un ambiente tan tenso al momento de enfrentarnos con la primera avenida, que automáticamente nuestros instintos más primarios son los que salen a relucir, debido a una situación global que ya muchos conocemos y otros tratan de ignorar. 

El día promedio empieza despertando bien temprano, desayunar y salir corriendo al auto. Esta vez  hablaremos del caraqueño y su interacción en el parque automotor, después de haber encendido el auto, al parecer se activa algún gen primitivo en donde  aplicamos la ley del más fuerte sobre el más débil, en este caso el más rápido o el que tenga el automóvil mas grande, sobre el otro conductor.  Nos vemos los caraqueños ante una situación preocupante porque no es solo el hecho de ignorar las leyes básicas de tránsito y transporte terrestre, sino la animadversión y odio que se despliega en el simple acto de manejar.

Poner la luz de cruce en esta ciudad y en este  país se interpreta como un insulto, ofensa, ultraje, afrenta, agravio, baldón, oprobio, al otro conductor, enseguida se escucha el rugido del motor y la embestida para impedir que aquel que se le ocurrió la genial idea de prender esa pequeña luz amarilla dirigida al canal donde quería avanzar con su vehículo, lo logre, sin contar con los muchos casos que después de esta reacción automáticamente prosigue la gesticulación ( Si tiene los vidrios arriba )  de varios insultos, y esto es algo que se propaga rápidamente porque al ser víctima de una situación como esta, de inmediato se crea un rencor ante todo conductor y cuando se ve a otra persona con su luz de cruce de inmediato el que fue la victima ahora es el victimario, y es un ciclo continuo que debemos evitar. Creemos estar consientes pero no ponemos remedio, también permanecemos en un estado de estrés permanente debido al asedio de los motorizados (no se pretende generalizar), pero por lo general en las autopistas se crea un canal imaginario entre canales, donde para ellos, el límite de velocidad es completamente proporcional a la cilindrada de su motocicleta.

Otro factor importante que nos mantiene en una actitud salvaje, es la perdida de la capacidad de impresión, de la que venimos siendo víctima año tras año por los diferentes factores de los que somos parte, pero en el caso de la conducción es cada vez más grave.

Hay un odio generalizado a todo aquel que posea una motocicleta, por varias razones, como la antes expuesta y por supuesto los robos a mano armada en las colas caraqueñas, cientos de retrovisores destruidos diariamente por los manubrios de las mismas, sin contar con muchas cosas más, pero hemos perdido la impresión por los arrollamientos de estos conductores, de hecho cuando notamos alguna tranca en el transito, de inmediato puede saltar una expresión como la siguiente ” Seguro se llevaron a otro motorizado” y de inmediato los culpamos:  ” Es que los motorizados son todos unos irresponsables “, es cierto que la mayoría no manejan de la mejor manera, pero no podemos perder la sensibilidad ante este tipo de situaciones poco a poco, nos estamos haciendo animales irracionales al volante donde solo respondemos por instinto, y no racionalizamos los hechos y los eventos que se suscitan día a día, poco a poco solo nos acostumbramos a  esta ciudad de acontecimientos bizarros.

Esta es la ciudad en donde la sangre de su gente se limpia con las llantas de los autos y la suela del zapato de los peatones.

08/Noviembre/2012.

Comments
3 Responses to “Opinión. Paciente psiquiátrico: Caracas – Venezuela”
  1. Libertad Arroyo dice:

    Es cierto esta terrible pesadilla de nuestra ciudad… día a día desde los más pequeñines hasta los mayores, toda la gama de edades, vivimos este infierno… y sin aparente solución…!

  2. Samantha Bisogno dice:

    Muy buen artículo! es cierto lo que dice, los venezolanos hemos perdido la capacidad de asombro o simplemente ya es un cansancio generalizado que nos lleva a ver hechos tan terribles como algo normal. Vivimos en una ciudad con total anarquía y una apatía de parte de sus ciudadanos ante esas situaciones… Pienso que queda de parte de cada uno empezar respetando cosas tan simples como la luz del semáforo. Y es que los cambios y las soluciones tienen que venir de las bases de una sociedad y esas bases somos nosotros los ciudadanos del día a día.

  3. El artículo refleja nuestro día a día. Lamentablemente la viveza criolla prevalece por sobre la conciencia ciudadana y en relación a los motorizados, definitivamente requieren de un artículo para ellos solitos, pues hay mucha leña que cortar.

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