El Mundo: Suenan los tambores de guerra en Mozambique

MOZAMBIQUE. 

Tambores de guerra en Mozambique.

EL MUNDO / Javier Brandoli.

Vuelta a la montaña. El fantasma de una nueva guerra civil vuelve a amenazar a Mozambique tras 20 años de una paz en la que ninguna de las partes cumplió del todo lo acordado. Alfonso Dhlakama, líder de Renamo, grupo opositor, ha dejado su sillón de diputado y lleva desde finales de octubre acantonado en su base militar de las montañas de Gorongosa (tan secreta oficialmente como conocida extraoficialmente). Allí, una fuerza cercana al millar de hombres hace maniobras militares con un carácter mediático en el que anuncian que están dispuestos a ir de nuevo a la trinchera.

Dhlakama, junto a otros miembros de su partido y militares en retirada, lleva semanas lanzando un mensaje contundente: “O se cumplen los acuerdos o destruiremos el país”. Mientras, tropas del Gobierno de Frelimo se han trasladado ya hasta las proximidades de la sierra de Gorongosa, en el marco de una ‘partida de ajedrez’ en la que hay de trasfondo el control de las Fuerzas Armadas y el cobro de las pensiones por parte de los ex combatientes.

En 1992, en Roma, los grupos de Frelimo y Renamo firmaban un acuerdo de paz que acababa con la Guerra Civil de Mozambique, un conflicto en el que murieron más de un millón de personas. El país se llegó a colocar en el primer puesto del ‘ranking’ de la “miseria global” y casi la totalidad las infraestructuras recibidas de la época colonial portuguesa fueron destruidas. Entonces, ambos frentes firmaban un armisticio en el que había una entrega de las armas y un reconocimiento de los ex combatientes, a los que se les otorgó algunos privilegios económicos. Además, las nuevas Fuerzas Armadas del incipiente Mozambique, una endeble realidad política por construir, estarían formadas por miembros de ambos grupos armados.

Hoy, Renamo acusa a Frelimo de limpiar las Fuerzas Armadas de todos sus ex combatientes, licenciando a todos los altos miembros de su partido de la jefatura del Ejército. “Ya avisamos a todo el mundo de lo que estaba pasando, incluido al presidente de la República. El comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas nos engaña constantemente. Estamos hartos”, denuncia el general Arlindo Maquival, ex combatiente de Renamo. “Están pasando a la reserva a todos los nuestros”, incidía Maquival, que lanzaba un último mensaje: “No estamos llorando, estamos avisando“.

El pago de las pensiones

Hay otro punto de fricción menos claro, que es el pago de las pensiones a los ex combatientes. En los últimos meses se ha modificado el Estatuto de los ex combatientes, que incluye a miembros de ambos bandos y a los que lucharon en la corta guerra de independencia colonial.

“Queremos que se nos pague lo que se nos adeuda, independientemente del estado de las finanzas del país”, llegaron a espetar los representantes de los militares al Gobierno. De facto, las quejas en este aspecto son múltiples desde un sector que tiene las armas y que acredita tener un derecho superior por el hecho de haber intervenido en los conflictos armados. La posición de Renamo es ahí muy complicada, ya que tiene una tropa armada y escondida en la selva desde hace 20 años a la espera de que se cumplan las promesas.

Por su parte, desde Frelimo, se limitan a mover tropas de forma aún no llamativa hasta Gorongosa y a mandar un mensaje de calma: “Los mozambiqueños no quieren otra guerra”. Sin embargo, el país pasa por conflictos serios internos, pese a los avances macro-económicos, relacionados con los altos niveles de corrupción de la Administración, la subida de precios del transporte (que provocó el pasado sábado una fuerte manifestación en Maputo, la capital) y el lento desarrollo social que ha hecho que hasta los obispos católicos lancen un nuevo aviso: “Es inadmisible las condiciones de pobreza en las que vive la mayor parte de la población”.

Tensa calma

El país, mientras, vive una tensa calma. Todos los días los periódicos amanecen con titulares que anuncian un conflicto abierto que sin embargo parece improbable. “Renamo ya no cuenta con el apoyo de los gobiernos de Rhodesia del Sur [actual Zimbabue] y Sudáfrica como para lanzarse a un conflicto abierto. Lo que no es descartable si la mesa abierta de diálogo no funciona es que haya algún pequeño rifirrafe para presionar en la negociación”, explicaba a este periódico uno de los investigadores que mejor conoce este conflicto y que por cuestiones de seguridad no puede dar su nombre. Probablemente, uno de los pocos hombres fuera de la élite de Renamo que conoce las guaridas secretas de armas del grupo opositor. «Son varias y esparcidas por la selva», se limita a aclarar.

22/Noviembre/2012.

FUENTE: http://www.elmundo.es

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