ALEMANIA y CHINA : ¿Quién gana en la contienda del capitalismo vs. socialismo?

OPINIÓN.

POR MARÍA LUISA CAMPI YSTILLARTE.   

Es cosa muy recurrente preguntarse qué es lo que hace exitoso a un país, y a lo largo de la historia economistas y eruditos de la ciencia se han planteado el idear una formula cuya aplicación lleve inexorablemente a la solución de las disyuntivas económicas entre el Estado y el sector privado, tan comunes en sus disputas por la supervivencia y supremacía de uno o del otro, así como de lograr finalmente una equidad en la distribución de las riquezas de la nación. En este marco es que nace el mercantilismo, el liberalismo, las escuelas fisiocrática, neoclásica y keynesiana para finalmente emerger a mediados del siglo XIX lo que sería la raíz de la bipolaridad de potencias a la que se enfrentó el siglo XX: la idea del capitalismo y la del socialismo que permanece hasta nuestra generación en sutil disputa sobre cuál es el medio más viable para que los intereses del Estado y los del individuo puedan ser finalmente estrechados.

Aquí buscamos ahora analizar, sin inclinar la balanza a uno u otro lado, cómo dos naciones quebrantadas por las atrocidades propias de la guerra, en especial de una del grosor de la segunda guerra mundial, logran alzarse a finales del siglo XX económicamente llegando a ser en pleno curso del siglo XXI referencias de desarrollo y progreso en sus respectivos continentes. Lo curioso del hecho es que ambas naciones siguen una política, cultura y economía totalmente adversas entre ellas y, sin embargo, ambas naciones fueron capaces de rehacer y desarrollar sus antagónicas políticas económicas en un determinado lapso de tiempo y desde cimientos que favorece la comparación, como lo es el final de la segunda gran guerra. Esto nos evidencia una realidad que occidente ha buscado rechazar. Realidad que ha protagonizado guerras a lo largo del siglo XX y que nos muestra que no es exclusivo de una economía capitalista el alzar a un país al progreso y desarrollo endógeno y a un equilibrio financiero estable ante el pasar de los años, sino que idénticos objetivos se pueden lograr mediante un modelo económico no solo diferente sino también al que se le espeta ser la raíz de los procesos déspotas contra el que occidente ha decidido luchar: el socialismo.

De ahí que se analiza los dos grandes milagros económicos de la posguerra: Alemania y su impulso primario con el proyecto estadounidense denominado “Plan Marshall” en vistas a la reconstrucción de la destruida Europa después de la guerra. Después de la reunificación del país el 3 de octubre de 1990 se concreta como una nación desarrollada, así como ya lo era la Republica Federal de Alemania en comparación con la Republica Democrática Alemana que fuese un Estado socialista bajo la sombra de la URSS. Y la Republica Popular China, la segunda economía más grande del mundo (seguida por Alemania de tercer lugar) y que se cree superara a la estadounidense en el 2016 debido a su rápido crecimiento que obedece a un sistema económico que el gobierno denomina como socialista.

Ahora veamos que parámetros dentro de su propia formula económica siguen para haberse alzado por encima de los escombros de la guerra y hasta de países que ni tuvieron contacto con ella:  

La Republica Federal Alemana se basa en un modelo económico cuyos principales rasgos se remontan al primer gobierno elegido después de la segunda guerra mundial, en 1948, que se inspiraba en la Economía Social de Mercado (ESM), una obra intelectual basada en la escuela de Friburgo de los años treinta que se fundamentaba en el libre mercado interior, caracterizado por la ausencia de regulaciones, y el libre mercado exterior, que propiciaba una economía abierta pero que también reconocía el papel del Estado como guardián del sistema a través una activa política de competencia y, en especial, como corrector de los posibles fallos del mercado, sobre todo con respecto a la distribución de la renta y al sistema de seguridad social.

Pese a que la ESM ya no es hoy por hoy el único gran modelo teórico de la política económica alemana, muchas de sus características se mantienen y algunos de los actuales rasgos macroeconómicos del modelo alemán se basan en sus teorías. Hoy día el país presenta un conjunto de características que en su conjunto actúan como un modelo a seguir para los países afectados por la actual crisis europea. Características que se diferencian por tener la exportación, cuya capacidad se basa en la calidad y la tecnología y no en los costes bajos, al igual que la inversión, como clave de crecimiento. La industria manufacturera ocupa un lugar central, tanto en el producto interno bruto (PIB) como en el empleo, especialmente en la industria de bienes de capital. Así mismo, las empresas medianas y pequeñas también son muy solidas y prosperas gracias al aprovechamiento de la tecnología, la formación del personal y la segmentación del proceso productivo en subprocesos, en los que esas empresas colaboran con las grandes.

El nivel de vida de su población es alto debido a que la productividad por empleado lo es también, pese a que el crecimiento de los salarios, relativamente buenos, es moderado porque la inflación tiende a ser alta. Sin embargo, las necesidades sociales están bien atendidas. Una característica interesante del modelo alemán es la codeterminaciòn (mitbestimmung), introducida en 1952, que consiste en la participación de los trabajadores en los procesos de decisión de las empresas  mediante comités elegidos por aquellos con derecho de información y consulta en las decisiones sobre las condiciones de trabajo y su organización, y también mediante la representación de los trabajadores en los consejos de supervisión. Empresas y sindicatos son interlocutores regulares del gobierno y las asociaciones empresariales son llamadas a consulta ante las grandes decisiones sobre políticas económicas, participando, de algún modo, en la formulación de estas políticas.

De este modo el Estado no monopoliza la política económica sino que más bien se caracteriza por estar formado por un conjunto de instituciones interrelacionadas pero independientes, basado en la “ordnungspolitik”, un concepto que atribuye al Estado el papel de asegurar la unidad por encima del papel de gestionar por si mismo las políticas en las diferentes áreas.            

La Republica Popular China, en cambio, en las últimas tres décadas ha alcanzado un desarrollo enorme y su influencia global se puede apreciar si se considera que China ya es el principal productor y consumidor mundial de muchos productos industriales y agrícolas claves, tales como acero, cemento, carbón, fertilizantes, televisores a color, ropa, cereales, carnes, pescados, mariscos, verduras, frutas y algodón. Como la finalidad es establecer una relación entre las reformas y el éxito económico, se esbozan las reformas llevadas a cabo por China y sus efectos en su crecimiento económico:  A fines de la década de los setenta, este país se propuso quintuplicar el PIB para el año 2000 mediante la implementación de una serie de reformas para transformarse en una economía de mercado y de apertura comercial con el exterior, adoptando una estrategia competitiva para atraer inversiones extranjeras, que lo convirtió en la nación con mayor inversión extranjera directa en el mundo, después de los Estados Unidos.

En diciembre de 1978 comenzaron en China las reformas económicas de tipo capitalista así como la apertura al exterior, pero manteniendo la retórica de estilo comunista. Como consecuencia de esto, el país se ha transformado radicalmente, convirtiéndose en una Economía Socialista de Mercado, que el mundo occidental contempla como una economía mixta, en la que la participación del estado en la vida económica del país se ha ido reduciendo paulatinamente. El éxito de estas reformas se basó en la forma gradual con que fueron implementadas, en cinco categorías principales: agricultura, empresas estatales, sistema de precios, sistema financiero y comercio internacional.

Con el fin de fomentar la inversión extranjera, el Gobierno Chino crea en 1982 las zonas económicas especiales en la zona costera. Estas zonas gozaron de garantías legales e incentivos fiscales sostenidos, que, junto al compromiso del Estado de construir infraestructura pública de alta calidad, generaron la confianza necesaria para atraer inversión extranjera directa convirtiendo estas zonas en dinámicos centros de producción industrial como lo es Hong Kong, y para 1984 el gobierno chino impulsa la creación de una nueva clase de negocios, el Getihu, propietarios de empresas pequeñas con 8 o menos empleados. Hasta finales de 1978 este tipo de negocios era ilegal en China. Hacia el final de la década de los 90 ya existían en China más de 26 millones de estos negocios privados individuales o familiares. Esta reforma es considerada un detonante para la aparición de la empresa privada en China.

En 1997 empieza el plan para la reestructuración de la propiedad de un gran número de empresas en propiedad del estado. En 1999 se promulga la reforma constitucional que reconoce explícitamente a la propiedad privada. En 2002 el Partido Comunista reconoce el papel del sector privado e invita a los empresarios a unirse y para el 2003 se decide perfeccionar el sistema económico socialista de mercado promoviendo el reconocimiento mundial de China como economía de mercado. Se reforma la estructura del gobierno desapareciendo la Comisión de Planificación, la Comisión Estatal de Economía y Comercio, y el Ministerio de Comercio y Relaciones Económicas con el exterior, para crear el nuevo Ministerio de Comercio actual acorde con la entrada de China en la OMC. Finalmente en el 2004 se reforma la constitución para garantizar los derechos de propiedad privada.

Lo primero que seguro habrán notado después de esta pequeña inserción en la economía de estos dos países es que ninguno llega a ser totalmente capitalista o terminantemente socialista, sino que tanto Alemania como China, en mayor o menor grado, terminan aplicando un poco de ambos conceptos, lo que resulta en ambos casos una economía mixta, que si bien se presentan con una ideología especifica, no es copada por ella, sino que se muestra flexible a la hora de decidir las acciones a tomar en los vaivenes del universo macroeconómico, teniendo como prioridad el bienestar del Estado que provee el continuo crecimiento de una fuerte nación, y no la realización de una inflexible doctrina ideológica tan poco acoplada a las realidades comerciales del siglo XXI.

Entonces, ¿quién gana en esta contienda del capitalismo vs socialismo?, ¿se encuentra en occidente la cuna de la mejor ideología económica que llega a impulsar a estos dos titanes? Pues podemos estar seguros de que la respuesta a la primera pregunta es rotunda: ninguna ideología impera sobre la otra, ninguna es mejor que la otra, porque si hemos leído con especial atención con seguridad se ha hecho notar un detalle que se encuentra en la explicación del éxito económico tanto de Alemania como de China, detalle que encontramos con el nombre de “Economía Social de Mercado” en el caso de Alemania y “Economía Socialista de Mercado” cuando tocamos China. ¿Capitalismo o socialismo? no, la mejor fórmula se denomina Economía Social de Mercado. Si llegasen a apostar cual país perdurara en la cima del poder de la pirámide económica, ¿votarían acaso por Estados Unidos?, ¿o por cualquiera de estos dos titanes? Lo infinitamente interesante de la cuestión es que muchos aseguran que cierto modelo económico debe ser aplicado de forma que se conecte con la realidad económica, cultural y social, entre otras cosas, del país en cuestión. Pero, ¿que tiene en su sociedad, cultura y realidad política que ver Alemania y China?, nada, solo tienen en común una sola realidad, el gran desarrollo económico impulsado por la Economía Social de Mercado, lo que en mi opinión demuestra que un buen sistema económico se puede  aplicar en donde sea sin importar las condiciones internas, si este modelo es llevado correctamente a cabo. ¿Por qué persistir en esta contienda cuando la mejor fórmula ya está clara? Ambos, tanto capitalismo como socialismo, unidos, son la mejor fórmula y esta unión en tantos años tomada como un imposible tiene nombre: Economía Social de Mercado.

En cuanto a la segunda pregunta, ya en 1948 Alemania tenía una idea vaga de esta poderosa formula, mientras que China la empezó a madurar a principios de los setenta. Ciertamente la titularidad le puede corresponder a Alemania pero su audaz aplicación la logro China por su propio lado y en su propia forma y el marco en el que ambos países la desarrollan es en una línea de tiempo bastante parecido.  

 

*Maria Luisa Campi Ystillarte. Cursante de la carrera de estudios internacionales en la Universidad Santa María. “Nunca midas la altura de una montaña, sino hasta que corones la cima. Entonces veras cuan baja era”- Dag Hammarskjöld.  

27/Mayo/2013. – 14:50 hrs.

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